ANGEL MACÍAS
Los jueces. El Tribunal, presidido por Gómez Bermúdez ha dado una lección de las que reconcilian con la justicia. Con su dirección con mano firme de la vista oral, guardando el secreto del fallo sin filtraciones hasta su lectura pública y lo que es más importante, el fallo en sí. Una buena sentencia, sólida y fundamentada. Seiscientos folios de pronunciamiento rotundo y sin más fisuras que el no profundizar en ciertos aspectos y lagunas. Pero esto hubiera correspondido más a la fase de instrucción. Esclarecedora, tanto por lo que dice, quiénes de los imputados participaron en el atentado, como por los silencios; mentor y motivación. Nada de ETA, tampoco de Irak o Al Qaeda. Los jueces han urdido bien las mimbres que la investigación policial y la instrucción judicial pusieron en sus manos, otra cosa es que éstos sean completos o adecuados. En esto, el fallo ha sido también valiente. Por las condenas y sobre todo, por las absoluciones, las decisiones más difíciles de adoptar y de comprender.
La ley. Se habla de decenas de miles de años de condena, pero lo cierto es que sólo tres de los condenados cumplirán los cuarenta años de prisión máximos que establece nuestro ordenamiento. Uno de los veintiún condenados no llegará a entrar en la cárcel y del resto, se prevén como máximo doce años para que vuelvan a pisar la calle. La mayoría, antes de siete años. No es problema de los jueces. Sí de los políticos que aprobaron en 1995 el Código Penal en vigor, el código Belloch. Y de esa inspiración penal progresista, que viene a defender que los delincuentes son meras víctimas de la sociedad. También de quienes no se atrevieron a modificarlo. Así nos luce, en éste y en tantos casos como a diario encontramos en los periódicos.
Los políticos. Mala nota con carácter general. No todo puede entrar en el juego político. Desde que Alfonso Guerra dio por finiquitados a Montesquieu y la separación de poderes, el espectáculo es cada vez más lamentable. La sandez elevada al cubo es la propuesta de Llamazares para que el Parlamento "ratifique" la sentencia. A veces el subconsciente aflora. Quizá estaba pensando en el régimen soviético, no en una democracia parlamentaria. Y el empeño de los socialistas por negar cualquier posibilidad de investigación complementaria ulterior. Toda la instrucción se basaba en que había autores intelectuales, pero los señalados como tales han sido declarados inocentes. No es ningún crimen apoyar que se investigue si hubo otros. La propia sentencia deja esta puerta abierta. Algunos se ponen muy nerviosos, pero ¿por qué descartar que en esta ecuación de infamia y muerte quede por despejar alguna "X"?