El presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, lo dijo el pasado lunes en el acto de inauguración del nuevo puente de Manzanal sobre el embalse de Ricobayo: las infraestructuras viarias son futuro pues suponen el enganche para el desarrollo. También Fernando Martínez Maíllo, presidente de la Diputación de Zamora, se manifestó en la misma línea; resaltó que con la obra estrenada se conecta «el pasado con el presente y con el futuro" y anunció que la institución provincial va a trabajar para conseguir fondos para mejorar el tramo de carretera que conecta la comarca de Alba con Zamora.
Los representantes públicos volvieron a comprobar ese día que los ciudadanos son muy agradecidos cuando sus demandas son atendidas, cuando las administraciones responden a sus peticiones. Que las infraestructuras viales son las obras más apetecidas también por quienes viven en el ámbito rural con la sensación de abandono, de que no cuentan nada para los poderes públicos. Las comunicaciones son el cauce para alcanzar la modernidad y por eso, las administraciones deben trabajar para mejorarlas, para que puedan ser disfrutadas por todos, habiten el territorio que habiten.
La construcción del nuevo puente de Manzanal, que ha costado 13,5 millones de euros, de los cuales el 44% lo aportó la Junta, el 32% procedió de fondos europeos (Feder) y el 24% lo consignó la Diputación, ha dejado una moraleja evidente: la presión popular es una fórmula muy efectiva para que las administraciones atiendan las demandas de la ciudadanía. En este caso así ha ocurrido, sin obviar tampoco el mérito de la institución provincial que, desde un principio, se comprometió a resolver el problema, siendo receptiva y abriendo los oídos a una reivindicación popular que, en algunos momentos, tuvo tintes políticos.
La potenciación de las infraestructuras viarias es la fórmula más directa para evitar que la provincia siga en caída libre en todos los índices socioeconómicos. Con una red de carreteras moderna y el aprovechamiento de las nuevas tecnologías, Zamora romperá la barrera del aislamiento que tanto daño ha hecho desde siempre. El camino comienza a ser hollado, pero aún falta un trecho por recorrer. Hay muchas cosas por hacer, y algunas muy urgentes.
Una asignatura pendiente es la autovía hasta Portugal, estirar la A-11 desde Zamora hasta la frontera lusa, acercar la provincia hasta el país vecino, poniendo de frente a dos regiones, Castilla y León y Tras Os Montes, que llevan siglos dándose la espalda. Pero sobre todo urge sobremanera la puesta en marcha de ese manoseado plan provincial de mejora de las carreteras secundarias, cuyo primer estudio duerme desde 2000 en algún cajón del Palacio de la Encarnación.
Maíllo ha alcanzado ya dos de sus grandes retos, la puesta en servicio de Ifeza y la apertura del puente de Manzanal. Tiene ya encarrilado un tercero, la rehabilitación del Teatro Ramos Carrión, pero le falta el que, a la larga, más le va a agradecer el ámbito rural: la ejecución de un ambicioso plan de mejora de carreteras. No es que la Diputación no haya actuado en las vías provinciales, que nada tienen que ver con las que había hace 20 años, pero no es suficiente. Es preciso volcar todos los esfuerzos en las comunicaciones, aunque el presupuesto necesario parezca inalcanzable (ya hace siete años, en un informe elaborado por Inzamac, la inversión mínima para modernizar la red provincial se cifró en 192 millones de euros).
La tarea es titánica y no puede ser sólo responsabilidad de la Diputación. La modernización de más de 2.000 kilómetros de vías es imposible en solitario para la institución provincial. La colaboración entre administraciones es imprescindible. Aquí no valen rivalidades políticas y lo mismo que se ha hecho en el caso del puente de Manzanal o en la autovía del Duero, la colaboración entre administraciones es obligatoria si se quiere sacar adelante la tarea.
El futuro de la provincia exige un esfuerzo conjunto y colectivo. La sociedad zamorana, los propios ciudadanos deben presionar y exigir a sus representantes en todas las instituciones y administraciones que colaboren, que pongan toda la carne en el asador, unan sus presupuestos con el mismo objetivo. La modernización de las carreteras es una iniciativa de futuro, aquí no valen rivalidades absurdas. El ciudadano paga impuestos para que las administraciones públicas atiendan sus necesidades, venga el dinero de donde venga y lo gestione la institución que sea.