FRANCISCO GARCÍA
El mismo día en que el delegado de la Junta presentaba unos datos esperanzadores sobre la merma de la incidencia de los incendios forestales en la provincia, se desataban cuatro fuegos intencionados en las estribaciones de La Culebra y en la Alta Sanabria que obligaron a un amplio despliegue de medios de extinción. Cualquiera diría que los pirómanos pretendieron amargarle la tarde a Alberto Castro, cuya gestión al frente del departamento territorial va por la buena nota. Ocurre que contra el fuego no se pueden bajar los brazos: siempre alerta desde las torres de vigilancia. Por fortuna, esta provincia ya no es la cenicienta de los balances anuales de tierra calcinada, ya no es humo y pavesa; pero siempre quedará algún desaprensivo -también algún imprudente y algún cantamañanas- que encienda la cerilla y avive el fuego, con las llamas del resentimiento.