17 de mayo de 2018
17.05.2018
La columna del lector

Protección de la juventud y la infancia

17.05.2018 | 00:25

Si la educación fuera "moneda corriente", que no lo es, y cada vez menos, pues las generaciones más recientes no se puede decir que tengan mucha, por no decir casi nada, o nada; como se puede verificar por su comportamiento respecto al acoso escolar, las pintadas en fachadas de edificios de propiedad pública y/o privada, lo vociferío en la vía pública, increpar a los ciudadanos que tranquilamente, y con todos los derechos, transitan por las vías públicas, los botellones, hasta el día de Jueves Santo, ¡manda cuj?¡, que debería ser de recogimiento, oración y reflexión para sacar conclusiones que contribuyan a una mejor convivencia y desarrollo humano de todos; y sus secuelas de intoxicaciones etílicas, perjuicios gravísimos a la salud, adicciones alcohólicas, gastos sanitarios, molestias y retrasos, en los servicios de urgencia de los hospitales a quiénes realmente los necesitan, etc.; y lo que es más tremendo cuando la policía municipal se los lleva a los "nenes", en estado de embriaguez, a sus "papuchis", hasta les hace gracia. Y tengamos, todos, presente que el alcohol, en cualesquiera de sus presentaciones, es puro veneno para el organismo y, más si cabe, si no se toma en cantidades moderadas. A las evidencias prácticas, empíricas y científicas, me remito.

Una sociedad mínimamente sana tiene que procurar; con el sentido del deber y de la responsabilidad de quiénes han engendrado a la "infancia y juventud", en primer lugar, suponiendo que tienen la madurez y el sentido de la responsabilidad que tan gravísima decisión implica, pues los "retoños" tendrán que convivir con sus semejantes; inculcarles el sentido y el deber del respeto y consideración a los demás, especialmente a quiénes tratan de darle lo mejor como es la educación, el sentido de la espiritualidad, la formación profesional, cuidan de su salud, o les protegen, etc., como son los maestros, los religiosos, los profesores, a todos los cuáles tendrían que tenerles auténtica "devoción" por todo lo que les entregan a diario para que tengan cultura, humanidad, moral, ética y conocimientos con los que ser útiles a los demás a través del trabajo bien hecho, con lo que se contribuye a una sociedad más confortable y con menos problemas de todo tipo.

La libertad, si no se quiere convertir en libertinaje, exige, sí exige; aunque es un verbo que últimamente no se suele conjugar mucho, y practicar menos, pues parece que lleva connotaciones "fascistas" y puede "desequilibrar emocionalmente" a las "criaturas", traumatizarlas, "pobriñas"; orden, disciplina, esfuerzo, trabajo, sacrificio, afán de superación, consideración y ponderación al otro, lo de toda la vida; pues sin la observancia de, entre otros, de esos requisitos tendremos una sociedad desquiciada, improductiva, pobre material y espiritualmente, etc.

La "protección de la juventud y de la infancia" contemplada en la Constitución Española de 1978, arts. 20º.4, 39º.2.4, 48º, 53º.3, etc; como en el ordenamiento internacional; necesaria a los fines antes indicados, para que sean "gente de provecho", que decían con toda la razón que dicta la experiencia, nuestros queridos "tataras"; requiere, si no quieren caer en irresponsabilidades sus progenitores, sus educadores, los poderes públicos, etc., que se les diga las "verdades de la vida", como el respetar a los demás, el cumplir las leyes, como son el pago de tributos, el procurar prepararse concienzudamente en los estudios para llegar a ser profesionales "fetén" que resuelvan los distintos problemas a los que los profesionales por obligación, por ciudadanía, por ética, etc., tienen que procurar, pues para eso se les ha financiado sus estudios con lo recaudado por los impuestos de los contribuyentes honestos. Todo lo que no sea esto, es no cumplir con el mandato constitucional, venderles "una mala moto", y hacerles unos inútiles y parásitos sociales. "Ninis".

Sancho de Moncada

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