17 de marzo de 2018
17.03.2018

Las pensiones no son un problema

El debate está trucado: mienten cuando nos dicen que las prestaciones no son sostenibles

17.03.2018 | 02:31
Las pensiones no son un problema

Se habla mucho, constantemente, del "problema" de las pensiones. Se habla tanto y tanto que corremos el riesgo de creer todos, también los pensionistas presentes o futuros, que de verdad constituyen un problema de nuestra sociedad. Y es justo al revés. Las pensiones son una solución. ¿A qué? Al evidente y creciente problema -este sí- de quienes viven cada vez más, pero no están en condiciones de subsistir mediante la fuerza de su trabajo o recurriendo a unos ahorros cada vez más improbables en esta sociedad de consumo sin freno. Imaginemos por un momento que las pensiones desparecen por completo, dejan de existir. Una minoría de pensionistas, me temo que muy reducida, seguiría con su vida sin mayor problema porque tienen ahorros, o hijos muy bien situados, o son ricos a secas. ¿Y el resto? ¿Qué harían los millones de mayores que ya no pueden tener ingresos derivados del empleo, carecen de ahorro suficiente y han de afrontar gastos constantes y cada vez más desquiciados (empezando por ese escandalo sin fin que es el precio de la luz)? ¿Se lo están imaginando: hambre, frío, miseria, suicidios, muerte, desolación??

A eso, a esa situación en la que quedaríamos sin la existencia de las pensiones, sí se le llama problema. Un problema que sería masivo, trágico, brutal y demoledor. Pero por suerte (o más bien por las luchas de quienes nos han precedido) existe todo lo que odian los codiciosos mundiales de la economía contemporánea: el estado del bienestar, con sus pensiones, con su sanidad y educación publicas, con sus redes de atención solidaria. Todo lo cual son soluciones parciales a los infinitos problemas que se originan en una sociedad regida por la ley del dinero y del egoísmo económico. Naturalmente, a las élites que se benefician hasta la náusea de este sistema les estorban las soluciones. Lo que no es negocio del que se puedan sacar beneficios les resulta incomprensible y lo tildan de antieconómico. Y por eso para ellas, para esas élites, para los mega-ricos del mundo, lo de las pensiones es un problema enorme. Tan enorme como los millones que mueven cada año sin que ellas puedan extraer el correspondiente beneficio. Su alternativa favorita ya lo conocemos: pretenden que nos hagamos pensiones privadas mediante el ahorro, manejadas por la banca que se irá quedando con el pastel.

Conviene saber, por tanto, que el debate sobre las pensiones está trucado. Mienten cuando nos dicen que son insostenibles. Mi partido, Podemos, ha elaborado un plan detallado, demostrando lo contrario (en nuestra web lo pueden leer). Mienten cuando aseguran que no hay dinero para mantener su poder adquisitivo o incrementarlo. Todos sabemos que el dinero por fuerza tiene que sobrar, si se rescatan alegremente bancos y cajas quebrados, demenciales autopistas privadas, submarinos que no flotan (hemos inventado uno, sí) o almacenes de gas sin sentido como el que nos toca pagar al tal Florentino. Por no añadir las corrupciones sin fin de los centenares de mangantes que nos han ido poniendo en las listas. Mienten y manipulan cuando aseguran comprender a los pensionistas que al fin han decidido salir a la calle, hartos de tanto y tanto engaño: les preocupan los votos no los pensionistas. Mienten con indecencia cuando señalan los planes privados de pensiones como alternativa o complemento a las pensiones públicas, cuando con los sueldos de los jóvenes -y no tan jóvenes- de hoy es imposible hasta comer. Mienten como bellacos quienes fingiendo representar a la mayoría siguen hablando del "problema de las pensiones", porque es lo que conviene a las minorías que rigen la economía actual y se han apoderado de grandes instituciones, como esa Unión Europea irreconocible desde que se entregó, de hoz y coz, al neoliberalismo irracional.

Las pensiones son una gran solución que solo debe ir a más y a mejor. Pero ni nos lo van a dar hecho ni los van a poner fácil. Toca, como hacen hoy mismo otra vez nuestros pensionistas, salir a la calle, levantar la voz y darles finalmente donde más les puede doler: en las urnas. ¿A quiénes? A cuantos tengan el cuajo de seguir hablando del problema, la insostenibilidad y el fin de nuestras pensiones. Lo sepan ellos o no, que de todo hay, quienes sostienen eso trabajan para quienes nos detestan. Es hora de despertar.

(*) Periodista, escritor y Secretario de Organización de Podemos Castilla y León

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