15 de febrero de 2018
15.02.2018

Jesucristo no tiene rostro

Si el Mesías revenido se fotografiara con una corona de espinas recibiría una multa de la muy cristiana judicatura

15.02.2018 | 00:08
Jesucristo no tiene rostro

La Cena de Emaús de Caravaggio que se conserva en la National Gallery de Londres muestra a un Jesucristo innoble y abotargado. El genio disipado se sirvió de uno de sus compañeros de francachela de modelo. Un perdulario, igual que en buena parte de su obra religiosa. Aguardamos a que la fiscalía española denuncie esta repugnante profanación y ordene la combustión del óleo. Se inscribiría en la jurisprudencia del joven condenado en Jaén, por superponer su rostro al Cristo de una cofradía. Si los tribunales religiosos exigen que el ominoso crimen se haya cometido en España, pueden darse un paseo con lanzallamas por el Prado. O desplazarse a Mallorca. La capilla decorada por Miquel Barceló en la catedral palmesana luce una imagen del hijo de Dios que se ajusta sospechosamente a la fisonomía del artista. No solo ha multiplicado los visitantes al templo, sino que la Santa Misa se celebra con regularidad ante la ofensiva efigie.

Nadie conoce el verdadero rostro de Jesucristo, cuya existencia histórica daremos por sentada solo a efectos de este artículo. Por tanto, cada representación es una falsificación, y un insulto de proporciones suficientes para prohibirlas en su conjunto. Jueces y fiscales se han apuntado a la iconoclastia, a la destrucción islámica de imágenes por su infidelidad evidente al original. De hecho, el joven que impuso su rostro al de la talla original sin distorsionarla se parece más al Cristo de hace dos mil años que la versión adorada por la cofradía.

Es decir, un joven ha sido condenado por parecerse peligrosamente a Cristo, atentando así contra la edulcoración heredada por la tradición. Se cumple de nuevo el pasaje que Dostoievsky reservó al Gran Inquisidor en "Los hermanos Karamazov". Si Jesucristo regresara a la tierra, sería sacrificado por la jerarquía eclesial. De hecho, si el Mesías revenido se fotografiara con una corona de espinas, y dado que no guarda semblanza alguna con las mixtificaciones artísticas de su figura, recibiría una multa de la muy cristiana judicatura. Aunque la cárcel resultaría más apropiada.

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