13 de febrero de 2018
13.02.2018

Tener o no tener (sexo)

Una de las muchas infiltraciones del inglés en el castellano

13.02.2018 | 00:17
Tener o no tener (sexo)

Hubo un tiempo en el que uno (o una) se acostaba sin más con su eventual pareja; pero eso ha pasado a la historia. Ahora se tiene sexo con ella. Se trata de una de las muchas infiltraciones del inglés en el castellano. "Tener sexo" es expresión con la que en apariencia se pretende definir la práctica del coito, por más que esto suene un poco raro.

Sexo, en realidad, lo tenemos todos -unos masculino y otras femenino-; pero entre las pelis de Hollywood y las teleseries esa curiosa fórmula ha pasado a formar parte de los hábitos lingüísticos del español. Quizá esto obedezca a la ola de puritanismo que nos invade, denunciada por un centenar de señoras francesas. Se diría que hemos vuelto a la época de Moratín y "El sí de las niñas", cuando el acto de la fornicación obligaba a buscar eufemismos adecuados al caso. Y no siempre se encontraban, claro está.

El verbo fornicar, por ejemplo, resulta un poco académico y antiguo, por más que sea de amplio uso en las traducciones de la Biblia. Uno no va por ahí presumiendo de haber fornicado la noche anterior, porque muy probablemente lo mirarían como a un extraterrestre.

De otras palabras ya ni hablamos. Follar (con perdón) es ligeramente malsonante, aunque la acción en sí misma resulte placentera. Poco importa que el término tenga nobles orígenes literarios gracias al uso que en tiempos se dio al verbo "folgar" en el doble sentido de estar ocioso o mantener "juntamiento con hembra placentera", como recomendaba pícaramente el Arcipreste de Hita en su Libro del Buen Amor. De ese folgar, con raíces en el latín follicare, viene muy probablemente el actual follar, de vasto (y basto) uso en el lenguaje coloquial, si bien poco apropiado para textos literarios o periodísticos, dadas sus connotaciones groseras. La otra palabra comúnmente utilizada ni siquiera hay que evaluarla, porque comienza con una rotunda jota y acaba por llenar la boca de asperezas.

Años atrás estuvo muy en boga la perífrasis "hacer el amor", probablemente importada también de los Estados Unidos y, en particular, de los hippies que aconsejaban hacer el amor y no la guerra. Planteaba algunas dificultades, sin embargo. La primera es que eso de hacer el amor desprende un cierto aroma a cursilería, lo que tal vez explique su rápida decadencia y sustitución por el no menos pijo pero más moderno "tener sexo". La segunda consistía en que, en su versión original castellana, hacer el amor equivalía a cortejar ceremoniosamente a alguien con buenas intenciones y sin propósito explícito de fornicar con él o ella. Sobra decir que se impuso el nuevo significado de la traducción de "make love".

Por la misma razón, la tendencia a traducir literalmente los diálogos de las películas y series de la tele ha determinado que los españoles dejen de acostarse con sus parejas para tener sexo con ellas, que es la forma light establecida por el imperio. El bronco Cela diría que es una manera como cualquier otra de ir jodiendo el castellano.

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