12 de febrero de 2018
12.02.2018

Celeste 65

Comentarios y reflexiones sobre la última novela de José C. Vales

12.02.2018 | 00:48
Celeste 65

Nunca seré un crítico. Advertencia al lector necesaria, pero prescindible. No cobro por esa tarea. Todo lo más puedo ser criticón al estilo de mi admirado Gracián, pero sin su estilo conceptual.

Por ello, para mí hablar de una novela es puro cotilleo de paisano en la solana.

Referirme, por tanto, a "Celeste 65" es mero divagar. No voy a hacer una tesis, sino solamente hilvanaré mis impresiones.

Primera: "Celeste 65" parece una novela de ficción, no de ciencia ficción, aunque tenga sus pespuntes científicos, especialmente en lo que a Astronomía y Entomología se refiere; si bien también se mete en el circo de la ciencia ficción. Podría considerarse una novela histórica, porque se ambienta en el siglo pasado y de ese modelo narrativo sigue la precisa ambientación en costumbres, hechos y personajes constatables del momento; y, claro podría considerarse costumbrista, si no fuera porque la selección de sus innumerables personajes pasa por todas las clases sociales, nacionalidades y facciones situándolos en una Niza cosmopolita, aunque francesa, y en un gran hotel, Le Negresque o el Negresco, también cosmopolita, aunque nizardo

"Celeste 65" podría tomarse como un esperpento valleinclanesco o qué sé yo...

En verdad, creo que esa novela es un juego, un jugueteo tanto en la trama como en los usos del lenguaje, un juguete que invita a la complicidad entre autor y lector, un largo y divertido jugueteo; en su mismo ambiente frívolo, sin embargo, yo qué sé?No soy un erudito crítico, pero me parece (puede ser impresión mía) que hay mucho más: una tremenda alegoría basada en el gran principio del caos. No viene al caso meterme en largas digresiones sobre los términos antitéticos, caos y cosmos; ya sabemos, el orden igual cosmos, el desorden igual caos. Serán apreciaciones mías, pero la novela se desarrolla en el caos como principio cosmogónico, sino como forma narrativa.

Y esto no tiene carácter de reproche, antes bien, de mi personal admiración.

Segunda: Si analizo la trama que sostiene la narración, es probable que desvaríe como un buen escolar aplicado e impulsivo, pero voy a seguir la ruta que trazan los manuales por no perderme, así que diré, de momento, que la historia se desarrolla de forma autobiográfica, que no quiere decir que sea el autor el personaje, sino que todo cuanto ocurre lo cuenta el personaje principal, pero ha de saberse que dicho personaje actúa con dos nombres y varios apodos a lo largo de la novela, eso sin tener en cuenta las variantes que sufre su complicado segundo nombre: Nigel Balquider- Kindloch, antes Linton Blint, alias Mr. Moth. Absolutamente impronunciable ese apellido, Balquider-Kindloch con fidelidad al original , como le ocurre a la divina camarera de El Negresco, al parecer escocés, pero de eso habría mucho que decir, aunque eso Bah?. Como cabe imaginar es un personaje muy complejo, un perfecto tonto desde cuya perspectiva de científico entomólogo ve la realidad a su manera. Desde luego su inteligencia emocional deja mucho que desear, pero, como ocurre en nuestra literatura picaresca, se nos permite observar con los ojos del antihéroe, que fue exactamente la encarnación del bellaco, mentiroso, cobarde, ruin, tramposo, etcétera,, pero bueno?eso bah, es otra historia. Los demás personajes parecen sacados de un guiñol o de una epopeya rara, porque tienen sus epítetos como el Cid mismo. En "Celeste 65" aparecen por doquier: "la de freudianos labios", "la de los pies vendados", y además cambian de nombre y el paciente lector sufre las consabidas vacilaciones que la identificación de cada uno le exigen, aunque algunos no sé cuantos, aún están vivos, como BB, la famosa francesa, o como Mylène Demongeot, otra atriz de gran éxito; o bien muertos como Grace Kelly y su cuñada, la condesa de Polignac. Pero en fin? Todo eso lo dejo para la posteridad, porque la finalidad de una novela es entretener y "Celeste 65" me ha entretenido lo suyo, que no es poco: quinientas ochenta y una páginas llenas de evocaciones al "Hola" de mi infancia en la peluquería de mi tía, cada domingo.

Y esto tampoco tiene carácter de reproche, antes bien, de admiración, porque esa retícula estructural está sometida a la visión poliédrica del pobre entomólogo, él mismo insecto perplejo, protagonista de esa tablado de la farsa o retablo de las maravillas que se desarrolla bajo los restos de la fortaleza donde perdió la vida en el asalto el pobre Garcilaso; con todo lo cual el caos del espacio sideral parece ser el orden estructural de la novela. ¡Qué paradoja tan bien resuelta!

Tercero y último: Como no soy crítico de literatura ni sirvo a ninguna editorial, amiga o enemiga del autor, no voy a intentar convencer al lector con argumentos, pues solo tengo uno: a mí me ha divertido, pero claro, cada cual? Ya se sabe? Desde luego tampoco voy a emprenderla con el autor, que me dejó prendado con su "Cabaret Biarritz". No me da la gana, al contrario, me he leído con placer sus tres novelas. Dos ya citadas en este breve espacio de palabras y aquella otra del Pensionado de Neu? Puff! Otro nombre impronunciable, de esos que tanto le gustan a José C. Vales, que, mira tú por dónde, es zamorano de los refugiados fuera de esta república real de la comuna zamorana.

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