07 de febrero de 2018
07.02.2018

Tridecasílabo

Sobre la enérgica tonalidad emocional

07.02.2018 | 00:00
Tridecasílabo

E nérgica tonalidad emocional". La expresión pertenece a Ramón y Cajal. La he obtenido de una página de El mundo visto a los 80 años, donde el Nobel aragonés dice que cuando un suceso "no se acompaña de una enérgica tonalidad emocional", se olvida con rapidez. Así es. Yo he leído y leo mucho, pero solo recuerdo los libros que me impresionan como un grito en medio de la noche. Hace un mes, por cierto, a eso de las cuatro de la madrugada, me hallaba negociando con mi insomnio, cuando un alarido procedente de la calle se coló en mis oídos provocando el mismo daño que una aguja de punto. Aturdido, me acerqué a la ventana y corrí con cautela el visillo sin advertir nada anormal. Regresé a la cama y enseguida me acometió la idea de que debía haber investigado un poco más. El remordimiento acentuó el insomnio y me mantuve despierto hasta la hora de levantarme. La ducha, prolongada y caliente, no alivió la situación. El eco del aullido seguía dando vueltas por los laberintos de mi oído interno como un molesto acufeno sobrevenido durante la noche. Desde aquel día he leído varias novelas cuyos títulos o argumentos sería incapaz de reproducir, pues los he olvidado. Todavía recuerdo sin embargo el grito, que llegó acompañado de una "enérgica tonalidad emocional". ¡Qué composición prodigiosa de palabras! Dos simples adjetivos girando como dos satélites en torno a un sustantivo para formar un tridecasílabo, verso de arte mayor, de potencia salvaje, apenas utilizado por nuestros poetas.

Puesto que son pocos los hechos impregnados de esa "enérgica tonalidad emocional" (no nos cansamos de repetirlo), tendremos que admitir que nuestras vidas están llenas de agujeros negros, de lugares de paso, diríamos, que no dejan huella alguna en nuestra memoria (como esos rincones de la casa en los que se acumula en polvo porque no llega la fregona). Escribo estas líneas desplazándome de Madrid a Barcelona, en un viaje del que no recordaría nada (lo he hecho cientos de veces) de no ser por la lectura del libro de Cajal, que lo ha marcado para siempre con esas tres palabras. Afuera llueve con ansiedad y hay jirones de niebla y el campo está blanco por la helada.

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