09 de noviembre de 2017
09.11.2017

Célebre eclesiástico en la Catedral de Zamora

Francisco Javier Lizana Beaumont no fue obispo, sino canónigo penitenciario

09.11.2017 | 00:28
Célebre eclesiástico en la Catedral de Zamora

Francisco Javier de Lizana y Beaumont nació en Arnedo (Rioja) en 1749 y falleció en México en 1813. Su relación con Zamora no es muy grande, sin embargo, por su presencia y actividad, en gran parte desconocida, en nuestra ciudad, y por su destacada biografía creemos conveniente recordarle. Algunos han creído que fue obispo de la catedral, pero la realidad es que fue canónigo penitenciario de ella disfrutando de algunos de sus beneficios eclesiásticos. Sabemos, por un documento consultado en la Biblioteca Nacional de Madrid, que en 1793 se hallaba en nuestra ciudad donde escribió y dedicó una oración fúnebre a su fallecido obispo, Antonio Piñuela Alonso, que escribió el 6 de noviembre de ese año, en la que dice que el fenecido prelado fue un sabio, virtuoso y perfecto obispo.

Sus estudios religiosos los hizo en Zaragoza y fue doctor tanto en Derecho Civil como Canónico (1771), catedrático en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), Obispo Auxiliar de Toledo y obispo de Teruel durante dos años (1801-1802). En esta última fecha pasó a México al ser nombrado arzobispo, puesto que ejerció hasta su muerte. El nuevo cargo, la inestabilidad social en aquél país y la guerra contra Napoleón en la Península, le obligaron a introducirse en el mundo de la política, ocupando el virreinato de Nueva España interinamente durante algo menos de un año, tiempo en el que ejerció una gran actividad. Su primer acto en este puesto fue ceder su sueldo para contribuir a los gastos de la lucha contra los franceses, junto a tres millones de pesos que logró recaudar en el Virreinato Siempre mostró su adhesión al rey Fernando VII y su rechazo total a las pretensiones de José I y de la corte afrancesada establecida en Madrid, ello se puede ver en dos de sus proclamas: "Contra los engaños pérfidos de los Bonaparte" y "A los fieles vasallos de Fernando VII". Reprimió todas las acciones de los criollos (hijos de españoles nacidos en América) que, muy influenciados por las ideas liberales que clandestinamente llegaban a México, iniciaron numerosas agitaciones como la de Valladolid de este país. A pesar de la represión que llevó a cabo, los peninsulares lo consideraron muy débil para ejercer como Virrey, motivo por el que la Junta Central lo destituyó diciéndole que "debido a su avanzada edad y a sus enfermedades se le relevaba de su cargo".

Muchos son los escritos que redactó. Siendo metropolitano de Teruel elaboró, entre otras "Carta pastoral que dirige a sus eclesiásticos sobre la dignidad y grandeza del estado sacerdotal", de ellas existen dos ediciones una en Valencia (1801) y otra en México (1803). Es autor también de otros escritos, publicados en México en distintas fechas, y dirigidos a sus feligreses de carácter socio-político: "Reglamento para el gobierno y dirección de las tiendas de pulpería, formado en cumplimiento de lo resuelto por la Junta Superior de la Real Hacienda de 4 de Septiembre de 1.804", "Edicto dando cuenta de un Real Decreto estableciendo el Consejo de la Regencia", etc. Los más numerosos, lógicamente, son los que se halla relacionados con su actividad arzobispal en forma de cartas pastorales. Citamos algunas: "Carta que dirige a sus diocesanos sobre la Cuaresma", "Carta pastoral en la que instruye a los fieles de su Arzobispado sobre el juego y desarreglos que en él se hallan", "Instrucción pastoral sobre la costumbre de llevar las señoras el pecho y los brazos desnudos". Está considerado como un hombre virtuoso y de carácter apacible y generoso. Se halla enterrado en la cripta de los arzobispos de la catedral de Ciudad de México.

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