25 de agosto de 2017
25.08.2017
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Tuercas

Sobre los servicios de mantenimiento

25.08.2017 | 00:09
Tuercas

H ace poco me quedé colgado en un ascensor que había sido revisado esa misma mañana. Mal revisado, supongo, con prisas, presionado el operario o los operarios por una dirección que, obedeciendo a algoritmos económicos, tasa cada minuto y cada segundo de sus trabajadores, seguramente eventuales. Lo de mi ascensor es una anécdota. No pasó nada porque los sistemas automáticos estaban en forma. Me sacaron y punto. Pero como no era la primera vez que me ocurría, decidí volver a las escaleras, donde me encuentro con vecinos que suben o bajan porque la gente, creo yo, está volviendo a las escaleras debido a la pérdida de confianza en el mantenimiento.

Se me estropeó la lavadora. Llamé al técnico.

-Cómprese una nueva -me dijo-, con los años que tiene se va a gastar más en el mantenimiento.

Cambié de coche 50.000 quilómetros antes de lo previsto porque un mantenimiento de mala calidad empezaba a salirme por un ojo de la cara (de dónde, si no). Si todo esto sucede a escala individual, ¿Qué ocurrirá con el mantenimiento del Estado, por ejemplo? ¿Está privatizado? ¿Hay ya situaciones en las que el ascensor del Estado de derecho se queda entre piso y piso o, peor, se desploma sin que se active el sistema de frenado? ¿Hay gente a la que el Estado da con la puerta en las narices porque no está en condiciones de abrírsela? Cuando llegas, no sé, a las urgencias del hospital y te estabulan en un pasillo, ¿eso qué es? Eso es falta de mantenimiento, la misma que me dejó colgado a mí en el ascensor.

Cuando Margaret Thatcher decidió ponerle a la economía británica un cohete en el culo (dónde, si no), los trenes empezaron a descarrilar. Perdían en muertos lo que habían ganado en despidos. Pero para el pensamiento ultraliberal los muertos son el carbón del que se alimenta la caldera. Nunca se le pidieron responsabilidades mientras estaba en condiciones de darlas y luego se le fue cabeza. Es lo que se dice, que se le fue la cabeza, cuando la verdad es que había llegado al gobierno sin ella. De lo primero que prescindimos cuando hay que apretar las tuercas es del mantenimiento. Pero a veces todo depende de una tuerca mal apretada.

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