22 de junio de 2017
22.06.2017
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La columna del lector

San Juan Bautista y el solsticio de verano

22.06.2017 | 00:19

La nueva ideología política basada en el laicismo negativo pretende erradicar como sea: con propaganda, o con el ataque permanente los volares católicos, que han configurado todos los recovecos de la cultura española durante siglos, ridiculizándolos o manipulándolos en su significado para imponer una visión que nada tiene que ver con ellos, como sucede en la propaganda oficial que sustituye la festividad de San Juan Bautista por una orgía de efluvios etílicos conocida paganamente solsticio de verano, que el laicismo oficial políticamente correcto celebra como su gran fiesta del inicio del estío.

Uno de los ejemplos más paradigmáticos de este vaciamiento y anulación nihilista es el nacimiento de San Juan Bautista que tradicionalmente se celebra el 24 de junio, con lo que se demuestra que en muchos puntos de España detrás de un festejo popular siempre hay unas raíces católico-cultuales, que son las que el nuevo laicismo basado en la fobia anticristiana quiere cercenar, para ofrecer como alternativa un puro esperpento en el más puro estilo valle-inclanesco.

San Juan Bautista, es el más grande de los nacidos de mujer, como afirmó de él el mismo Jesucristo, Dios y hombre verdadero; desarrolla una gran misión: anunciar el Cordero de Dios que quita le pecado del Mundo, por eso siempre se le representa predicando en el desierto un bautismo de conversión con vestido austero y alimentación parca a base de langosta y miel silvestres; bautizando en el Río Jordán. En su vida austera la teoría y la praxis -lo que dice y lo que hace- forman una unidad que le llevarán al martirio cuando denuncia la inmoralidad de los poderosos, hombre y mujeres, que piden su cabeza entregada en bandeja de plata para salvar su ignominia adúltera. Juan Bautista es el profeta apocalíptico del fuego de Dios, poder terrible y que pondrá a cada uno en su sitio, cuando la maldad orgullosa humana de los nuevos déspotas pretende asesinar a Dios y proclamarlo muerto. Juan Bautista es un personaje singular: ni fariseo, ni sacerdote, ni escriba; no está integrado en un grupo religioso-político: esenios o terroristas zelotas, además vive al margen de la espiritualidad del Templo de Jerusalén: vive la espiritualidad del desierto.

Fidel García Martínez,

doctor en Filología Románica

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