10 de junio de 2017
10.06.2017
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El trasluz

La primera piedra

10.06.2017 | 02:35
La primera piedra

En cuanto a la idea del progreso, conviene recordar que la humanidad no va a ninguna parte. Las avispas, tampoco. La existencia carece de sentido, en las diferentes acepciones de la palabra. Avanzamos a ciegas, sin objetivo alguno que alcanzar. El fuego se podría haber inventado o no. No fue una manifestación del progreso, sino del azar. La mayoría de los mamíferos no lo inventaron y siguen comiéndose crudas a sus presas sin la sensación de que les falte algo. No hay progreso, en fin, hay un avance que, según todos los cálculos, conduce a nuestra desaparición. Pero tampoco eso constituye un retroceso. Quizá esté en la naturaleza de las cosas que nos autodestruyamos por las mismas razones azarosas por las que nos construimos.

Ahora bien, tal vez en el interior del sinsentido podamos hallar grumos de eso que venimos denominando progreso. Uno de ellos sería la invención de la moral. De la moral sabemos que se puede utilizar para una cosa y para su contraria. No hay crimen que no posea una razón moral (o inmoral, que viene a ser lo mismo). Pero la moral, en su significado más simple y esquemático, debería traducirse en solidaridad. Solo eso: solidaridad. El triunfo de la solidaridad implicaría que la desigualdad desaparecería al proceder al reparto de las riquezas que poseemos, y que son limitadas. Se repartirían de tal forma que todos los habitantes de este pedrusco al que llamamos Tierra tendríamos acceso a los bienes indispensables para vivir en condiciones de dignidad. Pero eso no ha sucedido nunca a lo largo de la historia ni sucede ahora, cuando más conscientes somos del absurdo.

Librar una batalla contra el absurdo, aun sabiendo que está perdida de antemano, provoca un sentimiento de piedad que quizá sea equiparable a la idea que tenemos de progreso. Un gramo de orden en el interior del caos. Alguien debería hacer de la piedad un programa político. Ya tenemos inventada la palabra (si piedad no les gusta, escojan solidaridad), ahora solo es cuestión de desarrollar su significado, sus ventajas, y el modo de aplicarla para que sus efectos lleguen a todo el mundo. Hay mucha gente dispuesta a poner la primera piedra. ¿Por qué yo no? Porque yo ya estoy echado a perder.

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