04 de abril de 2017
04.04.2017
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La columna del lector

Zamora, ciudad abierta

04.04.2017 | 00:06

Zamora, que ha pasado a la historia con la frase "Zamora no se conquista en una hora", es una ciudad que desde hace unos meses está en tren a una hora y veinte de Madrid. No hace muchos años en este trayecto se tardaba más de tres horas. Esta cercanía de Madrid forzará un crecimiento sin precedentes en una ciudad cuyo apogeo se remonta a la época medieval.

Zamora, que durante estos cien años últimos ha sido una provincia en que sus habitantes si querían progresar, no tenían más remedio que emigrar y muchos triunfaron a donde fueron porque los zamoranos llevan en sus genes la clave del éxito: humildad, sacrificio, trabajo y ganas de triunfar. Son muchos los que triunfaron en nuestra Galicia, en el mundo empresarial los Romero, los Clavo, mi padre José Regojo y otros muchos. En el mundo literario: Luis Felipe y en el mundo periodístico Juan Manuel de Prada, Carmen Ferreras... En el mundo de la política: alcaldes y senadores como Antonio Vázquez y en la actualidad políticos zamoranos forman parte de la cúpula nacional del Partido Popular, como Fernando Martínez Maíllo.

Zamora es una ciudad con muy buenos restaurantes y con un románico que supone una delicia para los amantes del arte, una oferta de hoteles con precios muy asequibles. Sus gentes son muy hospitalarias y hacen muy grata la estancia en la ciudad.

El pasado 25 de marzo, en un acto organizado por la Casa de Zamora en Vigo, presidido por Miguel Ángel Crespo, catedrático de economía financiera y contabilidad de la Universidad de Vigo, disfrutamos del pregón de la Semana Santa de Zamora a cargo de Vicente Díez Llamas, hombre joven y con grandes responsabilidades en la Administración. Su padre hace 20 años nos deleitó con un inolvidable pregón de la Semana Santa de Zamora aquí en Vigo. La Pasión de Zamora es única, pues participan de una manera activa en las procesiones todos sus habitantes, las mujeres vestidas de gala con sus mantillas y sus zapatos de tacón alto que hace más esbelta a la mujer zamorana.

Los hombres llevan con gallardía y fe los pasos magníficos de la Semana Santa. Yo tuve la fortuna de pasar una Semana Santa en Zamora: me impresionó y me emocionó.

Vale la pena asistir a la Semana Santa de Zamora y disfrutar de la entrega de sus ciudadanos en las procesiones: el silencio, la devoción. Nos harán vibrar nuestras convicciones profundas religiosas que muchos tenemos la dicha de tenerlas.

Pedro Regojo Otero (miembro del Club 55)

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