01 de marzo de 2017
01.03.2017
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La columna del lector

Agradecimiento y queja de las urgencias de Santa Elena

01.03.2017 | 00:17

En el mundo actual, pocas son las buenas noticias que leemos en el periódico, y las hay, pero muchas veces nos las callamos.

Yo hoy quiero dar las gracias por el cariño y buen comportamiento que han tenido dos médicas de guardia con mi madre a la que acompañé a ponerse unos aerosoles y necesitó de su ayuda.

Para el paciente ser bien recibido, escuchado y apreciado es media curación, mi mamá cuando salió de ambas consultas, no era la misma que había entrado, en cualquier momento estuvieron pendientes de ella.

Con una de las doctoras comenté lo importante que era la actitud del médico con el paciente y ella me dijo: "Los corticoides que le ha recetado su médica de familia son los que hacen milagros", pero yo estoy convencida de que la primera parte es tan importante como la segunda.

También hubo un médico que me ayudó a llevarla al coche para que no pasara frío y me dio algunos consejos para hacer en casa.

De este doctor quiero destacar que en otra ocasión que yo fui con una amiga a un centro privado, él estaba pasando consulta y después de hacerle las pruebas necesarias dijo: "Hay que ingresarla", y él mismo cogió una silla, la sentó y la llevó hasta el ascensor. Me pareció un gesto de gran humanidad por su parte, otra cualidad que he encontrado en las médicas anteriores a pesar de ser jovencitas, hoy que tanto se critica a los jóvenes, los hay muy profesionales.

Las enfermeras han sido algunas más atentas que otras, cada una con su personalidad, pero siempre muy educadas e interesadas por los enfermos, menos una de la cual yo quiero manifestar mi queja.

Cuando le entregué el papel con el que tenía que ponerle el aerosol, empezó a reñirme a voces diciendo que aquel papel solo era para el día anterior que había sido corregida una cosa con bolígrafo, que no me lo tenía que poner. Yo le contesté que no se lo pusiera, que ya iría a otro sitio donde se lo pusieran y ella me contestó, entre otras muchas cosas, que seguro que si a mi madre le pasaba algo, yo la llevaría al juzgado porque esto es algo muy serio.

Al final se lo puso y me dijo que ella se quedaba con el papel que yo le había presentado.

Y yo me pregunto si a mi mamá le podía pasar algo como ella decía, ¿por qué se lo puso y se marchó, y no volvió a pasar por donde nos había dejado? Cuando el aerosol se terminó, una persona del centro y yo se lo quitamos. Otras enfermeras otros días también se iban a atender a otros pacientes, pero de vez en cuando pasaban por donde estaban los enfermos con los aerosoles para ver si se encontraban bien.

Cuando ya salíamos de la sala para irnos a casa, apareció esta enfermera. Yo con educación le pregunté que si me podía decir cómo se llamaba para el día siguiente al volver a la médica para pedirle otro papel decirle quién se había quedado con él, y su contestación fue que ya estaba apuntando en el ordenador.

En el proceso de la discusión me dijo que sabía que yo no tenía la culpa, pero que ese día me había tocado, mi mamá escuchaba callada y nerviosa, y yo me pregunto ¿no podía haber dicho las cosas con otros modales?

Me hizo sentir mal y sé que a otros pacientes también, porque me lo han comentado y yo misma lo pude comprobar. Los acompañantes y menos los enfermos no tenemos la necesidad de pasar ese mal rato.

Deseo que no vuelva a suceder, a pesar del incidente, mi mamá al salir le dio las gracias por haberle puesto el aerosol, cosa que yo no hice porque creo que no se las merecía.

Araceli Isidro Domínguez

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