27 de febrero de 2017
27.02.2017
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La columna del lector

Brotes verdes en los pueblos

27.02.2017 | 00:11

Ahora que la primavera ha extendido su manto de ilusión, nacerán brotes de vida por doquier; la villa se cubrirá con tímidas amapolas que salpicarán de púrpura la ladera tapizada de verde como la mejor alfombra para agasajar a un pueblo que emerge de la oscuridad del invierno. En los campos han de brotar esas hierbas de diferentes tipos que denominábamos de forma peculiar en nuestra infancia: alberjacas, cuernos, campanillas... y un precioso cielo azul turquesa revestirá al pueblo con un halo de esperanza y resurgir que ahuyente el miedo de la mismísima noche.

Las espigas al aire, danzando con la brisa, ondearán los tallos con la flexibilidad de una bailarina, mientras sus tonos ocre se balancean dando muestras de un dorado que daña la retina por su espectacular brillo y colorido. En otras tierras, el secano descansará hasta que pase un tiempo para que vuelva a brotar el cereal que alimenta las almas castellanas, a esas gentes sencillas a las que la vida les ha negado casi todo, que se conforman con lo poco que tienen y aspiran a seguir viviendo en un pueblo que fue su cuna al nacer y les servirá de reposo cuando llegue el final; por eso aman apasionadamente la tierra que pisan. Son gente austera, crítica, a veces maliciosa, con rencillas y amores que duran para siempre; en ocasiones su peculiar forma de vida choca de pleno con los que habitamos en la ciudad, parece que el tiempo se les ha parado; sus horarios son diferentes: se levantan temprano, comen pronto y hacen una vida sobria y neutra, por lo que no resulta infrecuente que las calles estén siempre vacías. Mantienen las tradiciones y conservan un estilo de vida algo arcaico que para mí tiene más de respeto a sus ancestros que de anclaje en el pasado. Las nuevas generaciones que aún residen en el pueblo; es decir, aquellos niños de ayer que forman parte hoy en día de esa franja de la llamada mediana edad, continúan la estela de sus padres y de sus abuelos: ponen los Mayos, corren las cintas con los caballos, celebran la festividad de santa Águeda, la de la Asunción en Agosto, la de los Quintos, el juego de pelota, corren la vaquilla, e intentan ser fieles a un pedazo de historia que les corre por las venas y puja con fuerza para salir al exterior.

M.ª Soledad Martín Turiño

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