11 de febrero de 2017
11.02.2017
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La columna del lector

Economía y empresa

11.02.2017 | 02:00

Cualquier actividad humana, de naturaleza profesional, que se acometa, para que alcance plenamente sus objetivos y, subsiguientemente, satisfaga plenamente las necesidades humanas a las que tiene que atender, y que justifica su existencia, exige en quiénes la acometen, entre otros muchos requisitos, que conozcan plenamente, y actualizada al día, las teorías, las técnicas, las mejores experiencias, como el estado actual de la ciencia de su ámbito respectivo, con lo que se logrará la aplicación de saberes vigentes lo que implicará eficacia y eficiencia en la utilización de recursos y rapidez en la solución óptima de la problemática a resolver.

Es necesario, consecuentemente, para lograr el máximo bienestar colectivo, que quiénes en el ejercicio laboral lo hagan motivadamente; es decir, con la conciencia de que de la calidad del desempeño de sus tareas se satisfarán adecuadamente las demandas y deseos de sus "clientes", los destinatarios de su quehacer, y que, por cierto, unos lo somos de los otros, respectivamente.

La plena conciencia de lo que tengamos que hacer, la motivación completa de lo que hacemos, el ser totalmente conscientes de por qué emprendemos el aprendizaje una carrera universitaria, por ejemplo, es fundamental e inexcusable, en cualquier ser humano para que, aprovechando sus potencialidades y recursos puestos a su disposición, sirva con plenitud de facultades a la sociedad a la que se debe.

El solo querer aprobar como sea, utilizando cualesquiera medios, con el corolario de un bagaje ínfimo de conocimientos, muchas veces obsoletos por no inculcarles los docentes los últimos avances de la ciencia de la economía y de la empresa; y la inasistencia a clase, por ser repetitivos, curso tras curso, los apuntes del profesor de turno, sin ponerlos al día en lo que se refiere a casos exitosos empresariales, citas de artículos en revistas de prestigio, la última bibliografía innovadora, webs de interés para el tema a exponer; hechos de actualizar a analizar, comentar, exponer y sacando conclusiones para aprender; pues todo lo cual requiere esfuerzo de los discentes, también, como de los docentes. Todo lo cual conlleva indolencia, rutina y aburrimiento en el aula.

Esta situación de desidia, de negligencia, de falta de un mínimo de interés por saber, para servir más y mejor a la sociedad, una vez se tenga el "titulito de marras", se debe, en buena medida a una falta de vocación por el estudio, por carencia de espíritu de sacrificio, de superación, de conciencia ciudadana; de una pésima selección de los aspirantes a los Grados de Gestión de Pymes, como de Administración y Dirección de Empresas; pues, también, además, suelen carecer del más elemental de los respetos a quiénes tratan de transmitirles lo mejor de lo que dispone el género humano: conocimientos.

Marcelino Corcho Bragado

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