04 de febrero de 2017
04.02.2017

Monumental desastre

La desidia del Ayuntamiento fue clave en el derribo de algunos de los edificios religiosos tras la exclaustración

04.02.2017 | 01:01
Monumental desastre

Comenzaba el año de 1838, cuando el Gobierno de la Nación, que había decretado las exclaustración de las órdenes religiosas, pedía informe al Ayuntamiento de Zamora sobre el estado en que se encontraban los edificios que habían sido objeto de la desamortización para conocer los que convenía derribar o vender, así como los que podían ser de utilidad al Municipio.

Según consta en el Libro de Acuerdos del Ayuntamiento, en sesión de fecha 19 de febrero de 1838, el Ayuntamiento contestó que no necesitaba ninguno de aquellos edificios y que no existía ningún monumento ni edificio que mereciera ser conservado. Ante tan irresponsable respuesta, el Gobierno se dirigió directamente a la Comisión de Monumentos de Zamora preguntando por el monasterio de San Juan, con sus antiquísimos claustros y apreciables sepulcros, por la célebre parroquia de La Magdalena, el magnífico convento de Santo Domingo de Toro, el monasterio de Valparaíso cuna de San Fernando, etc.

Se publicó un informe de dicha Comisión doliéndose del estado en que se encontraba el monasterio de San Juan, así como de la profanación que habían sufrido los sepulcros, de los cuales se habían extraído los huesos y las vestiduras de los caballeros Templarios, rompiéndose las losas sepulcrales y convirtiéndose la preciosa iglesia en trojes (silos) para encerrar granos. Las iglesias de La Magdalena y Santa María de la Horta se conservaban afortunadamente en buen estado; no existiendo , en cambio, casi ningún resto del convento de Santo Domingo de Toro, ni del monasterio de Valparaíso, cuyas puertas habían sido conducidas a Zamora y puestas bajo la custodia del Cabildo eclesiástico.

Los concejales de aquella Corporación municipal debieron avergonzarse del aquel acuerdo anterior y decidieron, cuando ya era tarde, pedir la concesión de cuatro conventos: uno para construir pabellones de oficiales y librar al vecindario de la molestia de los alojamientos; otro para presidio correccional; un tercero para fundar bibliotecas públicas, y el cuarto a fin de establecer Escuela Normal.

Para la Escuela se le concedió la Iglesia que tenían en construcción Los Descalzos, pero todo lo demás estaba ya vendido a particulares por menos dinero del que representaba el valor de los herrajes.

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