La columna del lector

Una candidatura nueva para un tiempo nuevo

17.10.2016 | 00:09

Los que ya tenemos cierta veteranía como hermanos de la Cofradía de Jesús Nazareno, y alguna experiencia también como directivos, comprobamos con asombro las muchas cosas que han cambiado, y no precisamente para bien, en los últimos cinco años. Con ser muchas, sin duda la más grave es la división entre los hermanos. Por eso mi objetivo principal -me parece absurdo hablar de programa- sería intentar conciliar posturas, que equivale a recuperar la normalidad perdida. Esa normalidad pasa por rechazar cualquier paralelismo entre asociaciones religiosas y partidos políticos, pues sin despreciar el ejercicio honesto de la participación en vida pública, nuestra misión no requiere de un "programa", habida cuenta que nosotros debemos dar testimonio del Evangelio. Nuestra candidatura no regala nada, ni hacemos promesas, simplemente queremos devolver la normalidad perdida, mediante trabajo, honestidad, y fraternidad. Pasemos a lo concreto.

Trabajo.- La dedicación, que tanto se pondera, y así debe ser porque gracias al esfuerzo de los directivos y colaboradores es posible la celebración de la Semana Santa, suele llevar aparejado un inconveniente: querer hacer, a toda costa, para que me recuerden. Nuestro proyecto es trabajar, pero de forma responsable, o si se prefiere con sentido común, ciñéndonos a los fines de la cofradía. Está bien hacer cosas -exposiciones, conciertos, charlas -pero hay que atender primero y con diligencia a las procesiones, garantizando su salida a la calle con la solemnidad debida, para que sean testimonio público de fe, no solo de tradición. Y por ello hay que analizar las causas por las que en los últimos años la asistencia a la procesión de la mañana es menor, corregir su desorden, y el espectáculo poco edificante de ver los pasos sin hermanos. Aún reconociendo que pueda haber otro tipo de causas, es evidente que sus actuales males, en gran parte, se deben a la inestabilidad y cambios constantes en la directiva y a la incapacidad e interinidad del equipo encargado de su organización. Tampoco la procesión del Sábado Santo se libra de la crítica por haber vuelto, incumpliendo los estatutos, a un modelo ya superado, que devuelve su organización a los hombres. Algo que no se ha conseguido, o mejor dicho, no se ha intentado siquiera es que la cofradía esté presente en las celebraciones de su sede: la parroquia de San Juan, donde recibe culto la Virgen de la Soledad. Ello no se conseguirá con propuestas tan rancias como coronarla o entronizarla en el altar mayor. El tiempo de las coronaciones pasó, y nada aportan sino folclore. Tampoco parece que la imagen ganase colocada en la capilla mayor, teniendo por fondo un retablo de grandes dimensiones y abigarrada imaginería. La imagen de la Virgen está bien en su nicho-capilla, donde sus devotos la tienen y sienten cerca. Ambas propuestas por otra parte chocan con la sencillez de su plástica y modelo devocional. Pensamos que sería más interesante exhortar a una mayor participación de todos en los cultos ya existentes, y proponer la celebración de otros, como una misa mensual por los cofrades de cada paso, y difuntos fallecidos en ese mes, reservando noviembre para una misa general de difuntos y el mes del Quinario para damas y paso de la Virgen de la Soledad.

Honestidad.- Reclamar honestidad en la administración económica de la cofradía no significa cuestionar que se haya metido mano en la caja, este no es el problema. Administrar con honestidad equivale a gastar de manera responsable, es decir, en cosas necesarias. La adquisición de la nueva sede y su equipamiento, han supuesto gastos, que de no racionalizarse, comprometen la economía de la cofradía. Un dato: el mantenimiento anual de la nueva sede necesita de un buen número de cuotas, sin olvidar que tenemos que mantener también la panera, un espacio del que no podemos prescindir. Otro ejemplo: circular un boletín de convocatoria de elecciones con la firma del presidente en funciones y candidato, que acompaña un programa de actos, y un cupón para recoger un DVD, constituye un acto descaradamente partidista e indigno, pues en definitiva quien paga su propia "campaña" es la cofradía. También el homenaje a Atilano González, no deja de ser un acto de promoción personal del presidente en plena campaña electoral. Una muestra más de irresponsabilidad manifiesta han sido las "baratas" actuaciones en los solados de los pasos de "Las Tres Marías y San Juan" y "La Agonía". Ambas se hicieron sin el asesoramiento técnico, y resultaron caras y burdas chapuzas que fue necesario rehacer. Nunca se actuó tan frívolamente en el patrimonio artístico de la cofradía, en el que siempre intervinieron profesionales. El dinero de la cofradía pues ha de administrase como en la economía doméstica, con austeridad, atendiendo a los gastos necesarios, reduciendo los superfluos, y ahorrando, para imprevistos, sin necesidad de subir las cuotas.

Fraternidad.- Debería orientar la actuación de cualquier cofradía. En los últimos años la Congregación ha transmitido una imagen de división, de forma explícita en las asambleas, convertidas en patio de vecindad y espectáculo alejado de un comportamiento propio de cristianos y personas civilizadas. Nunca fueron las asambleas tan broncas. La causa de este indecoroso comportamiento, que avergüenza a propios y extraños, está en la falta de transparencia de la junta directiva, de la incapacidad del presidente como moderador, de las tediosas actas que redactan secretarios no menos incapaces, y del desprecio a la opinión de los hermanos. En semejante clima no se puede discutir de forma razonable. La asamblea debe de ser el lugar donde se rindan cuentas de la gestión anual de la directiva. Y ésta debe responder a las legítimas preguntas de los hermanos. Sus deliberaciones deben ser claras y las votaciones rigurosamente escrutadas. Esa es la normalidad que queremos recuperar, que no equivale a impedir la discrepancia. La fraternidad -ser cofrade significa ser hermano con tus hermanos- nos obliga a colocar a la mujer en igualdad con los hombres, pues formamos una única cofradía. Debe pues integrarse con normalidad en el equipo directivo, asumir las responsabilidades que le encomiendan los estatutos, siendo una de ellas todo lo tocante a la organización de la procesión del Sábado Santo. Fraternidad es también no olvidar el ejercicio de la caridad, atendiendo primero a los cofrades necesitados, y después poniendo en manos de Cáritas parroquial y diocesana, o Manos Unidas, lo que nuestra economía permita.

Una candidatura no resuelve ella sola los problemas, necesita de la ayuda de los hermanos, a los que invitamos a colaborar en nuestro proyecto de devolver la normalidad a la Congregación. Su voto lo puede hacer posible.

José Isidro Bécares (candidato a presidir la Cofradía de Jesús Nazareno)

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