16 de octubre de 2016
16.10.2016
editorial

Una vuelta de tuerca a la ordenación territorial que reequilibre Zamora

16.10.2016 | 00:47
Una vuelta de tuerca a la ordenación territorial que reequilibre Zamora

Las diferencias de renta entre los habitantes de los distintos municipios zamoranos y, sobre todo, la comparación con los niveles de ingresos en otras provincias de la región, revelan diferencias ostensibles que obligan a replantear el debate sobre el reequilibrio territorial tanto en Zamora como en Castilla y León.

El mapa de la distribución de la riqueza en la provincia ofrece un panorama preocupante, ya que se concentra, sobre todo en la capital y en los pueblos de su alfoz, con uno de ellos, Morales del Vino, superando incluso a la ciudad con una media de 19.507 euros, con arreglo a los datos de la Agencia Tributaria basados en las declaraciones de los propios contribuyentes.

En el otro extremo, los habitantes de Morales de Toro reciben una renta de apenas 12.307 euros, un tercio menos que los más "ricos" de la provincia y a años luz de los más desarrollados de la región castellanoleonesa. Si Morales del Vino, beneficiado, sin duda, por el trasvase de habitantes desde la capital en busca de viviendas unifamiliares y con ellos de sus rentas, ocupa el puesto 41 dentro del ranking regional, el otro Morales, pese a estar en pleno centro de la producción de la DO de vinos de Toro cae hasta el puesto 262. Los habitantes de la vallisoletana Simancas, a escasos kilómetros de la capital de la región, declaran el triple de ingresos a Hacienda.

El mapa de la distribución de riqueza en la provincia zamorana refleja también en sí mismo esa desigualdad, acentuada en la comarca de Aliste, tradicionalmente entre las más pobres como toda la zona de la Raya, pero, igualmente, llama poderosamente la atención el declive de los pueblos de los alrededores de Benavente que han sufrido la crisis con el cierre de empresas que proporcionaban cientos de puestos de trabajo. Municipios como Santa Cristina de la Polvorosa, San Cristóbal de Entreviñas o Santibáñez de Vidriales apenas superan los 13.000 euros de renta disponible. Y los habitantes de Benavente, el teórico centro neurálgico que debía concentrar la industria de la provincia frente a una capital más administrativa, solo alcanza los 16.625 euros. Aquel modelo, si es que una vez lo hubo como opción seria y objetiva, se ha estrellado por falta de alternativas ante la crisis vivida, y también por quedar en vía muerta otras oportunidades surgidas como la biorrefinería de Barcial.

Es obvio que el reparto regional carece de cualquier base igualitaria y que los programas destinados a corregirlos no han cumplido sus objetivos. Deberíamos esperar que la nueva ordenación aprobada por la Junta de Castilla y León corrija desequilibrios tan monumentales, pero por lo traslucido hasta ahora, y solo en el plano teórico, más se trata de un reparto de servicios que de unas directrices políticas destinadas a sacar del atraso y subdesarrollo a las zonas más pobres que se corresponden con provincias como Zamora.

Se echa de menos lo que tantas veces se ha oído reclamar a los agentes sociales zamoranos, la unidad de quienes tienen las riendas en las instituciones para realizar esfuerzos en la misma dirección y con un discurso único y eficaz.

Existen muchas carencias que van más allá del estado de las carreteras, como la tan demandada conexión por Internet, imprescindible para romper el aislamiento de la zona rural. Subsanarlas allanará el camino para posibilidades de desarrollo que deben explorarse de una manera racional y con voluntad de llevarlo a cabo. Si la micología ha abierto puertas sobre todo en esas zonas menos desarrolladas como Aliste y un estudio de la Diputación apunta la posibilidad de multiplicar por nueve el turismo ligado a la actividad, significa que hay probabilidad real de multiplicar esas rentas de apenas 13.000 euros anuales que solo ponen en evidencia las consecuencias de la despoblación y de lo raquítico de las pensiones de los mayores que configuran el grueso del padrón de habitantes.

Una línea de avance, el turismo, que puede ofrecer la clave de por qué Puebla de Sanabria es ya el cuarto municipio más "rico", pisándole los talones a Benavente y por delante de Toro, que no ve traducido en los datos de Hacienda la apuesta por la D. O. Ello refuerza las tesis de los bodegueros que, desde el Consejo Regulador, apuestan por aumentar la cuota de mercado para acompañar la calidad contrastada esta misma semana por la Guía Peñín, con la cantidad y la expansión nacional e internacional.

Otra línea se abre con la creciente apuesta de un sector tan maltratado como el agroganadero, que se incorpora a las nuevas líneas de demanda y ha multiplicado por 18 la producción ecológica desde el año 2000. El sector lácteo, pese a los problemas de cuotas y precios en origen que vienen lastrándolo, recibía también en estos días la buena noticia de la ampliación de la cooperativa Gaza. Todo ello sin olvidar que el campo zamorano ha sufrido una reconversión silenciosa, sin un plan de alternativas, lo que ha motivado que el éxodo del campo continuara a ritmo acelerado y con él, el de los habitantes de la provincia.

Todos esos esfuerzos realizados desde diversos sectores merecen ser rentabilizados. Y resulta evidente la ausencia de una dirección que facilite que la orquesta suene al unísono y acorde. Se hace obligatoria una reflexión definitiva sobre la vertebración de la región y también de la provincia que ponga fin a unas brechas tan evidentes. Una ordenación racional a la altura de estos tiempos, útil, que coordine los recursos y los disponga para el interés público y el bien común. Es un deber de justicia, un mandato de eficacia que emana del propio Estatuto de Castilla y León, donde se enclava la provincia. La Zamora urbana y la rural son aún activas, pero hace falta sembrarla de ideas valiosas para que germinen.

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