05 de octubre de 2016
05.10.2016

Doña Blanca de Castilla, reina de Francia

Fue madre de Luis IX, el último monarca europeo que emprendió el camino de las Cruzadas

05.10.2016 | 00:26
Doña Blanca de Castilla, reina de Francia

Doña Blanca de Castilla fue reina consorte de Francia. Hija del rey Alfonso VIII de Castilla y de su esposa doña Leonor de Plantagenet, nació en Palencia en 1188. Fue amamantada en el pueblo de La Serna y criada en Itero de la Vega.

Felipe II de Francia y Juan I de Inglaterra acordaron que el futuro heredero del trono de Francia, Luis VIII, se casara con una infanta de Castilla. Llevadas a cabo las negociaciones para el matrimonio fue escogida doña Blanca que, con apenas doce años, se despidió de sus padres y hermanos y emprendió viaje hacia Francia. Poco después, el 22 de mayo de 1200 se celebró la boda con el heredero de la corona que ocupó el trono a la muerte de su padre Felipe el 14 de julio de 1223 con el nombre de Luis VIII. A los tres años Luis murió de disentería a la vuelta de una campaña militar. Su hijo Luis fue proclamado rey a la muerte de su padre cuando contaba solamente doce años de edad. Doña Blanca fue nombrada regente, enfrentándose a los problemas acuciantes de su tiempo, tales como las pugnas con Inglaterra, el conflicto con los cátaros y las presiones de la nobleza.

Una vez que su hijo pudo hacerse cargo de los asuntos del Estado, la reina Blanca de Castilla se retiró a la abadía que había fundado hasta que falleció en 1252.

Su hijo, que reinó con el nombre de Luis IX, contrajo matrimonio con Margarita de Provenza llegando a tener once hijos. Educado en la devoción y el misticismo por su madre, Luis IX combinó su tarea de gobierno con destacado ascetismo, entregándose a prácticas de mortificación como hacerse azotar la espalda con cadenitas de hierro los viernes, o actos de humillación como lavar los pies a los mendigos o compartir su mesa con leprosos.

Perteneció a la Orden franciscana seglar, fundada por san Francisco de Asís. Fundó muchos monasterios y mandó construir la famosa Santa Capilla en París, cerca de la Catedral.

En aspecto más terrenal, Luis IX tuvo que enfrentarse a Enrique III de Inglaterra, a quien venció en Taillebourg en 1242, firmando luego el Tratado de París de 1259, lo que trajo una paz que se prolongó durante todo su reinado.

Desde 1247 comisiones especiales fueron encargadas de recorrer el país con objeto de enterarse de las más pequeñas diferencias sociales. Como resultado de tales informaciones creó las Ordenanzas de 1254, que establecieron un compendio de obligaciones para todos los súbditos del reino.

Luis IX fue el último monarca europeo que emprendiera el camino de las Cruzadas contra los musulmanes. Luis desembarcó en Egipto y llegó a tomar la ciudad de Damieta, pero poco después sus tropas fueron sorprendidas por la crecida del Nilo y la peste. Los franceses, junto con su rey, cayeron prisioneros de los enemigos y solo se salvaron pagando un fuerte rescate.

Luis IX murió el 25 de agosto de 1270 en Túnez. El cuerpo del santo rey fue trasladado primeramente a Sicilia y después a Francia. Unos años más tarde, el 11 de agosto de 1297, fue solemnemente canonizado por el papa Bonifacio VIII.

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