Domingo 2, XXVII del tiempo ordinario

Fe y espíritu de servicio

02.10.2016 | 00:08
Fe y espíritu de servicio

L a fe es la confianza inquebrantable en que Dios tiene poder por encima de todo cálculo humano, en que está lleno de amor, en que no nos olvida, en que nos guía hacia la plenitud. El evangelio no nos dice lo que impulsó a los apóstoles a pedir al Señor que aumentara su fe. Seguramente los apóstoles sienten la importancia de las tareas a ellos encomendadas y saben que con sus fuerzas no están en condiciones de llevarlas a cabo. Se dan cuenta al mismo tiempo de la debilidad de su fe en Dios.

Jesús no atiende directamente a su petición, pero en su propia respuesta pone de relieve, del modo más enérgico posible, la importancia de la fe. Si existe una confianza auténtica y verdadera en Dios, se hace realidad lo que según los criterios humanos es imposible. Aunque Dios encargue tareas y pida exigencias aparentemente imposibles, Él puede capacitar para llevarlas a cabo. Aunque prometa lo que es imposible para los hombres, Él puede realizarlo.

Con la parábola del siervo, Jesús indica a los apóstoles otro aspecto esencial de su relación con Dios, les previene contra el orgullo. Cuando alcanzamos algún éxito nos imaginamos a Jesús eternamente agradecido con nosotros porque pensamos haber hecho algo digno por nuestras propias fuerzas. Hemos de recordar que Él es el único salvador y que nosotros no tenemos que hacer otra cosa que procurar no poner obstáculos a la acción de su gracia.

El fundamento de nuestra relación con Dios radica en que es nuestro Señor. Nosotros debemos interesarnos por conocer y cumplir su voluntad. No somos dueños libres e independientes. Dios tiene algo que decirnos, pero antes de pedirnos algo nos ha dado ya muchísimos dones, sobre todo la vida. Debemos reconocerlo como nuestro Creador y Señor, debemos respetar también a nuestro prójimo y atribuirle nuestra misma dignidad.

De nuestra relación con Dios deben quedar excluidas toda presunción y toda pretensión. Con modestia y humildad hemos de concebir todo cuanto hagamos como servicio debido y reconocer a Dios como nuestro Señor. Al mismo tiempo hemos de ser conscientes de que este Señor no se deja superar en bondad y generosidad. Él es el Señor que hace sentar a la mesa a sus siervos fieles y que se pone a servirlos.

Pidamos al Señor que aumente nuestra fe y que ella se haga realidad en el servicio a los hermanos necesitados.

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