Domingo 25, XXVI del tiempo ordinario

Un paraíso infernal

25.09.2016 | 01:27
Un paraíso infernal

La existencia de la vida ultraterrena es sistemáticamente silenciada en nuestro mundo. Todas las ideologías, de un signo o de otro, aunque parezcan contrarias, en el fondo buscan lo mismo: matar en el hombre el ansia de infinito. ¿Por qué? Porque el anhelo del cielo y el miedo al infierno son las últimas fortalezas del alma que impiden triunfar a estas ideologías. El comunismo se colapsaría si los pobres se esforzaran más en ganar el cielo que en luchar por la revolución. El capitalismo vería hundirse sus negocios por falta de consumo si nos ocupásemos menos de lo material y más de lo espiritual. El animalismo no protestaría si se creyera que los animales no van al cielo. La ideología de género sería ideología del género bobo si la gente se esforzara más en cambiar el alma que en cambiar de sexo?

Para silenciar el más allá, tienen que construir aquí el más acá. El capitalismo nos anestesia con el estado del bienestar. La ideología de género nos dota de derechos sexuales. El comunismo nos libera de todas nuestras alienaciones. El animalismo logra la paz y la no violencia. Así, entre todos, se consigue un paraíso terrenal que el hombre se da a sí mismo, y con el que ya no necesita de Dios. Después, por si alguien todavía cree por miedo al infierno de allá, se ridiculizan las representaciones tradicionales como lugar de llamas y tormentos (aunque toda representación se queda corta al imaginar el horror del infierno real: la separación absoluta y eterna del amor de Dios). A continuación se niega la existencia del Diablo y del infierno mismo (en las predicaciones de muchos curas ya no aparecen el infierno ni el Diablo por ningún sitio). Y finalmente, se rompen las ataduras morales negando la existencia del pecado y hasta del mismo mal. El único mal sería no vivir bien y renunciar a hacer lo que nos venga en gana.

Las lecturas de hoy nos alertan de forma clara: hay una relación directa entre el vivir bien de aquí con el infierno de después: "Ay de los que? coméis? canturreáis? bebéis? no os doléis?". Jesús es más directo aún: "Se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron". "Recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces". Más claro, agua: vivir bien aquí obstaculiza alcanzar lo de allí... ¡Y muchos cristianos creyendo todavía que la salvación vendrá buscando el bienestar de la humanidad?! No haremos caso ni aunque resucite un muerto.

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