Soraya, la princesa de los ojos tristes

Tras el divorcio se estableció en Roma y después en Sant-Moritz, donde se le atribuyeron romances

01.09.2016 | 00:49
Soraya, la princesa de los ojos tristes

soraya Esfandiary fue la segunda esposa del último emperador de Persia (actual Irán). Soraya era hija de Khalil Khan Esfandiary, noble de la tribu Bajtiari de Irán del Sur y embajador de Irán ante Alemania Occidental.

Reza Pahlevi y Soraya se casaron en 1951 y se divorciaron en 1958 ante la infertilidad de la emperatriz. Tras el divorcio se le otorgó el tratamiento de Su Alteza Imperial la Princesa Soraya de Irán. Soraya reveló en sus Memorias que ella no fue infértil tal como la habían señalado los médicos cercanos al shah, sino que ellos manipularon sin escrúpulos los exámenes médicos de ella para convencer al shah sobre la supuesta infertilidad de Soraya, perjudicada por la mentira montada por aquellos galenos, y de ahí vino el inesperado divorcio.

Tras el divorcio, Soraya intentó llevar una vida lo más alegre posible. Primero se estableció en Roma, después en Sant-Moritz, donde se le atribuyeron romances con Raimon Orsini y Harald Krupp.

Intentó en breve carrera como actriz, protagonizando en 1965 la película "I Tre Volti", conocida en España como "Tres perfiles de mujer y "La diosa de fuego". La princesa se convirtió en un personaje asiduo de la prensa del corazón, que la denominó la princesa de ojos tristes. Después del divorcio de Soraya, el shah volvió a casarse con Farah Diba, hija de un capitán del ejército imperial iraní. Esta tercera esposa dio al shah cuatro hijos.

El shah de Persia donó voluntariamente una gran fortuna a la princesa Soraya cuando la repudió. A la muerte de Soraya, ocurrida en su apartamento de París, a los 69 años, en octubre de 2001, aquella fortuna debía pasar a su hermano Bijan Esfandiary como único heredero, pero este falleció una semana después. Soraya, en su testamento, dejó instrucciones sobre el reparto de su fortuna y de sus enseres personales, incluidas sus joyas, sus obras de arte y sus pieles, para que fueran subastadas. Un legado que debería ser entregado a su único hermano, el príncipe Bijan, que vivía en Colonia (Alemania).

A pesar de la muerte de Bijan una semana después, la subasta siguió su curso, se vendió un Rolls-Roice, cientos de objetos de plata, alfombras orientales y una importante colección de obras de arte; también el anillo de compromiso que el shah le regalara, valorado en dos millones de euros. El Gobierno alemán empezó a buscar herederos. A la llamada del Estado se presentaron más de 50 personas supuestamente entroncadas con la dinastía de Soraya. Demandantes que resultaron ser verdaderos impostores. La justicia alemana sentenció que no había herederos y que la fortuna debía de pasar a manos del Estado para su administración. Una fortuna que sería destinada a mejorar el alumbrado de las calles, la recogida de basuras y otras carencias de los servicios públicos de los ayuntamientos, Rhine Westphalia, la ciudad donde vivió hasta su muerte Bijan Esfandiary.

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