EDITORIAL

Regresa la esperanza para el Zamora y el Villaralbo

21.08.2016 | 01:12

La memoria selectiva supone un bálsamo para los aficionados al fútbol. Permite olvidar pronto los fracasos y recuperar el ánimo ante el tiempo sin hacer que supone una nueva temporada. Los principios siempre están cargados de esperanza y más en una competición deportiva, donde lo más trascendente es que el balón acabe entre los tres palos. Por eso el Zamora C. F. y el C. D. Villaralbo inician este fin de semana una nueva andadura en Tercera División con la ilusión del que empieza desde cero y tiene todo por ganar. No vale agarrarse al pasado, cargado de campañas, sobre todo en el caso del equipo rojiblanco, que se han consumado sin alcanzar la cima de la montaña, en una recreación cruel del mito de Sísifo que saca a la superficie un sentimiento de victimismo, del que no es ajena el alma del zamorano.

El fútbol, ya nadie parece dudarlo, es más que deporte. Supone la mejor espita de la realidad y hasta una forma de cambiarla para bien o para mal. De algunos resultados depende el estado de ánimo de la colectividad. Hay ciudades tristes o alegres dependiendo del marcador del fin de semana y hasta los nacionalismos buscan el mejor asidero en los colores del cuadro local para intentar dar un ámbito universal a las ideologías que los sustentan. Las victorias futbolísticas tienen el sentido de bálsamo y ayudan a sobrepasar situaciones delicadas. De ahí la importancia que tiene que los equipos de la provincia circulen por la senda del triunfo en tiempos de dificultades.

El Zamora tiene un primer reto que superar. Necesita demostrar que ha espantado los fantasmas de la liga pasada, donde llegó antes que nadie al campamento base, pero después se desfondó y se despeñó en la subida final, seguramente por exceso de confianza. De los fracasos, siempre se ha dicho, se aprende si se reconocen y se corrigen los errores que han llevado a ellos. Hay que pensar que la experiencia negativa ha servido para endurecer al equipo y a sus dirigentes, reforzando el fleco más débil, el de la falsa euforia.

Zamora y Villaralbo tienen un mismo objetivo de partida, el de la permanencia, pero en el caso del conjunto rojiblanco está claro que la campaña sería un fracaso si no se clasifica para la fase de ascenso. El club deportivo más importante de la provincia, al menos por masa social, debe aspirar, con garantías, a estar en una categoría superior a la Tercera División. Pero para eso hay que hacer bien los deberes y aprobar el examen final que siempre es en primavera.

Como casi todos los veranos, el Zamora ha cambiado una parte considerable de su plantilla. Hay muchas caras nuevas en el equipo, algunas de jugadores que regresan a la que fue su casa tras un periplo en otros clubes, lo que puede ser una garantía de que el núcleo duro del cuadro va a tener un mayor sentimiento de pertenencia y defensa de unos colores. La directiva se mantiene al frente de la nave con un mayor bagaje que se supone servirá para no repetir errores. La continuidad de Miguel Losada es una apuesta por la cantera y por un técnico que conoce el club a fondo y también los equipos de las categorías inferiores con los que ha trabajado obteniendo importantes triunfos.

Para que los éxitos deportivos lleguen es necesaria la estabilidad institucional y el apoyo de la masa social. El club rojiblanco contaba a mediados de semana con algo menos de 500 socios y su objetivo es llegar a 1.000. En el caso del Villaralbo la meta es lograr más de 200. El respaldo de los aficionados es imprescindible, pero también el de las instituciones locales, provinciales y regionales. Las dos sociedades deportivas deberían tener garantizada su viabilidad económica desde el inicio de la campaña.

El club que preside Segismundo Ferrero aún no ha hecho público su presupuesto, que debe ser aprobado por la asamblea que se celebrará en septiembre, pero sí se sabe que va a ser menor que el del año pasado con la intención de rebajar la deuda, una amenaza constante para la viabilidad de muchos equipos de fútbol. El futuro del cuadro rojiblanco está en manos de su masa social, de los aficionados, que deben tener muy claro que su equipo solo sobrevivirá con su apoyo.

La pretemporada del Zamora y del Villaralbo ha sido irregular y no ha servido para calibrar el potencial de las dos plantillas debido a que, en muchos casos, se han enfrentado a conjuntos de superior categoría. No obstante, sí que se ha notado la mano de Miguel Losada y Jesús Benito y los dos equipos han demostrado orden y disciplina, la base para crecer en una categoría donde a los jugadores se le exige mucho compromiso y responsabilidad.

La pelota ha echado a rodar y está en el alero. La experiencia demuestra que cuando se inicia la liga desde la humildad se acaba más arriba. Lo que hay que pedir es que acompañen los resultados y que la competición acabe con el premio del ascenso a la Segunda B, categoría en la que el Zamora ha permanecido dieciséis años. Zamora y Villaralbo necesitan una inyección de moral, por eso confían en sus equipos.

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