La columna del lector

La mujer celeste que vence al dragón infernal

15.08.2016 | 01:03

En ese libro misterioso que es el Apocalipsis, que ha inspirado casi todas las ocurrencias que Hollywood filma cuando quiere sembrar pánico con el fin catastrófico de los tiempos, que nadie sabe cuándo se va a producir por mucho que futurólogos, brujos, nigromantes lo predicen con evidentes equivocaciones y ningún acierto, se narra un episodio fuera del espacio y del tiempo convencional. En el libro atribuido a Juan, conocido como discípulo Amado, una mujer con el sol por vestido, la luna bajo sus pies y la cabeza coronada con doce estrella y que está esperando un hijo mantiene una lucha con un dragón, eterno enemigo de Dios, el hijos es arrebatado y llevado junto al trono de Dios y la mujer en fuga hacia un lugar preparado por Dios para ella. Este episodio apocalíptico apunta al final de los tiempos y es figura de la Asunción de María, que en el Gijón del alma se transforma en Begoña, nuestra fiesta que siempre está precedida por la mítica noche de los fuegos que en vano suben, porque se desdibujan entre las miradas atónitas y resignadas de sus muchos fieles seguidores. Previa a las tardes de toros con sangre en el coso y clarines al viento, entre pancartas y voces de desaprobación por motivos partidistas e ideológicos, que nada tienen que ver con lo que antes se llamaba la fiesta nacional por excelencia, según los entendidos en la lidia.

La fiesta de la Asunción de Nuestra Señora, definida solemnemente por el papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950, como dogma revelado, por el que se afirma que la siempre Virgen María, Inmaculada Madre de Dios cumplido el curso de su vida terrena fue asunta (elevada) en cuerpo y alma a la gloria celestial. El tema de Asunción de Santa María ha sido uno de los más representados por los grandes pintores: Rubens, Tiziano, Durero, Rafael, El Greco (?) y la piedad cristiana desde los primeros siglos, siempre ha gozado de la predilección de los fieles católicos, que desde el siglo V ya celebran la Asunción o Dormición de Nuestra Señora. En España hoy son muchos los pueblos, aldeas y ciudades que celebran su fiesta principal, con una semana grande como entrada. Esta fiesta supone el mentís más contundente contra los que acusan a la Iglesia de ser enemiga de la mujer, despreciar el cuerpo humano y todo un conjunto de mentiras sobre el más allá y el más acá vociferadas sin pudor por los del opio del pueblo marxista o por los de la neurosis obsesiva freudiana. La Iglesia católica en su sana doctrina no es enemiga de la carne, porque cree en su resurrección. La mejor prueba la Asunción de María al cielo, que está proclamando que la muerte no es la oscura nada hacia la que nos apresuramos como proclaman los corifeos del nihilismo existencialista.

Fidel García Martínez,

catedrático de Lengua y Literatura y licenciado en Ciencias Eclesiásticas

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