Palacio, hospicio y parador

El edificio, hoy emblema del turismo provincial, fue construido en el siglo XV por Enrique Enríquez

14.08.2016 | 00:24
Palacio, hospicio y parador

El Palacio de los Condes de Alba y Aliste fue construido en el siglo XV a instancias de don Enrique Enríquez de Mendoza, primer conde de Alba y Aliste y que hizo construir el edificio en 1459 como viviendas de la familia. La edificación se llevó a cabo en el solar que antes ocupaba una alcazaba musulmana. Construido el palacio, durante más de treinta años sufrió las consecuencias de las guerras comuneras con daños que obligaron a que el conde diera órdenes de repararlo y reformarlo.

En el año 1653 el edificio sufrió un incendio de grandes proporciones que malogró una parte de su estructura; a partir de entonces se produjeron largos periodos de situación de abandono de las instalaciones.

En 1797 el edificio cambió de dueño, lo compró el duque de Frías, y un año después se destina a Correccional de Mujeres y a recogida de niños expósitos. Se le denominó Real Casa Hospicio de Zamora y como tal estuvo funcionando muchos años.

En agosto de 1954, la Diputación Provincial llevó a cabo importantes obras de reforma y modernización en el antiguo caserón, arreglando los pabellones existentes, levantando otros nuevos para convertirlo todo en un centro dotado de los servicios necesarios para los fines a que estaba destinado. Amplios y bien ventilados dormitorios, limpios e higiénicos servicios y lavabos, comedores independientes para chicos y chicas, enfermerías dotadas del material sanitario oportuno, escuelas y talleres de oficios y hasta amplios salones para recreo.

La Diputación Provincial aprovechó las obras para cambiar el nombre del centro, pasando a denominarlo colegio Nuestra Señora del Tránsito en lugar de Hospicio.

En 1966, los acogidos fueron trasladados a las nuevas instalaciones del Campo de los Cascajos, junto al Hospital Provincial. Y el Palacio de los Condes de Alba y Aliste fue convertido en Parador Nacional mediante importantes modificaciones en su estructura y dependencias propias para un lujoso hotel dedicado al turismo. Siempre se respetó el estilo arquitectónico de su fachada y del patio, con un pozo en el medio y columnas con medallones en sus juntas que representan a personajes del Antiguo Testamento y de la España medieval, en estilos que van entre el renacimiento y el gótico.

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