José Bonaparte y la marquesa de Montehermoso

La esposa del afrancesado Ortuño Aguirre se convirtió en la amante favorita del hermano de Napoleón

10.08.2016 | 00:16
José Bonaparte y la marquesa de Montehermoso

En mi reciente visita a la ciudad de Vitoria, tuve ocasión de ver, entre otros lugares de interés, el Palacio de Montehermoso, un edificio medieval que en la actualidad está dedicado a Centro Cultural. El Palacio de estilo gótico-renacentista, tiene bastante interés arquitectónico y su historia también es interesante por los eventos y personajes que se han ido sucediendo desde su construcción en 1524.

Pero, desde mi punto de vista, lo que más destaca del Palacio de Montehermoso es que se convirtió en lugar de reunión y parada de importantes viajeros que pasaron por Vitoria en los años de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Don Ortuño Aguirre del Corral, VI marqués de Montehermoso era por entonces el titular del palacio, se había casado con María Pilar de Acedo y Sarriá, a la que doblaba la edad. La imagen de la marquesa que nos ha dejado la historia, refiere a una mujer casquivana, ligera de cascos, frívola y adúltera.

La llegada de José I al trono de España, tras la abdicación de Bayona, propició el encuentro del rey intruso con la marquesa de Montehermoso y el marqués, con tal de obtener nombramientos en la Corte, se convierte en "afrancesado" y cornudo. Su lealtad a José Bonaparte le hizo acreedor a los honores de Grande de España, Gentilhombre de Cámara y de la Orden de España. Vendió su palacio al rey Bonaparte por 300.000 reales, con lo que se convirtió en el Palacio Real de Vitoria.

La marquesa de Montehermoso se convirtió en amante y favorita del rey José I Bonaparte. Era una mujer que, sin estar en la primera juventud todavía era extremadamente agradable, elegante, hablaba perfectamente italiano y francés, cantaba agradablemente, tañía la guitarra, recitaba poemas y pintaba retratos en miniatura con gran destreza.

Su marido fallece en París el 23 de abril de 1811. La marquesa recibirá la noticia en Madrid. Ya viuda, no esconde su relación con el rey y se mostrará públicamente sin guardar luto por su marido, ejerciendo realmente como primera dama y participando activamente en las decisiones de su amante el rey.

En 1812, la marquesa, como otros "afrancesados" abandona España por precaución, refugiándose en San Juan de Luz.

Los días previos a la batalla de Vitoria se reencuentra en la capital alavesa con José Bonaparte, y abandonan juntos la península. Ambos recalarán en París, pero allí José se reencontrará con su verdadera esposa Julie, y la marquesa, tiene que salir de su entorno y no volverá a ver al exrey.

María Pilar nunca volverá a cruzar la frontera y pasará gran parte de su vida en su chateau de Carresse, hasta su fallecimiento el 27 de febrero de 1867, tras una vida plena, intensa y llena de emociones y vivencias.

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