Crónicas de un paso de cebra

El ángel que nos golpea en la boca

Por la música se consigue una profunda transformación personal y colectiva

01.08.2016 | 00:09
El ángel que nos golpea en la boca

En una vieja leyenda judía se dice que, nada más nacer, un ángel nos golpea en la boca para imponernos silencio y así impedir que hablemos del mundo celestial que hasta entonces había sido nuestro hogar. Al parecer, el ángel siempre lo consigue, pues ese mundo permanece en nosotros silenciado y no nos deja ver la otra realidad, la verdadera.

Pero, en contadas ocasiones existen caminos, que la hacen asequible al ser humano y nos permiten adentrarnos en ella para descubrir mundos impalpables y desconocidos, como viajes y experiencias iniciáticas, sueños, visiones, revelaciones y un largo etc.

Quienes lo consiguen reciben los nombres de profetas, sacerdotisas, visionarios, gurúes, místicos, sibilas (también hay mucho charlatán y telepredicador, pero esa es otra historia) y el conocimiento brota de su interior, chispazos de otro tipo de entendimiento, el ojo que ve lo inefable, lo inexplicable a partir de las palabras que manejamos los seres humanos, es un entendimiento que no viene del exterior, porque piensan que el mundo de los sentidos tiende a equivocarnos y su aprendizaje no es todo lo fiable que se pudiera esperar. Ellos hablan de la "Sabiduría de luz viviente".

Ha habido muchas mujeres visionarias medievales y a raíz del magnífico concierto programado el pasado 22 de julio en el marco incomparable de la Catedral de Zamora, en el Domo Musical a cargo del arpista Manuel Vilas y de la intérprete alemana de música medieval María Jonas, quien ha elegido la obra de una de ellas, la renana Hildegarda von Bingen, así como los cantos del Minnesang de Heindrich von Meissen, uno de los poetas más famosos del movimiento citado en el siglo XIII, cultivador de la lírica trovadoresca escrita en alemán, hemos podido apreciar en directo este tipo de composiciones.

Esta cantante es quien materializa a través de su portentosa voz la obra de esas mujeres inspiradas y cultísimas, expertas en todo tipo de artes, las cuales, muchas de ellas, aun sin haber estudiado, han jalonado el panorama musical desde la antigüedad hasta nuestros días, la bizantina Kassia del siglo IX, la primera mujer de la que se conserva su música, y que fue incluida por Kallistos en el siglo XIV en su catálogo de himnarios, también ha sido la única mujer que aparece en la cubierta de un Triodion impreso en Venecia en el 1601.

Kassia fue una de las primeras compositoras, filósofa y poetisa conocida, cuya obra conocemos porque se ha seguido cantando ininterrumpidamente en la liturgia ortodoxa actual. Se dice que enamorado de ella el emperador Teófilo, fue puesto en evidencia, cuando al verla junto a otras jóvenes al ir a elegir esposa, le dijo que Eva era el origen del mal. Ella se atrevió a replicarle que la Virgen era el origen del bien. Kassia fundó un convento al que se retiró en Constantinopla y el emperador que seguía enamorado de ella fue a buscarla allí, su celda estaba vacía y solo encontró encima de su mesa una composición musical un Himno de Kassia, en donde se dice que él mismo escribió: "Aquellos pies que Eva escuchó al atardecer en el paraíso y con temor se escondió de ellos", y tras abandonar el lugar, nunca más intentó volver a verla.

La trovadora provenzal Beatriz de Días, también conocida como condesa de Día, una de cuyas piezas ha llegado intacta hasta nosotros: "A chantar ni er de so qu'euno volría" o las visonarias que poblaron con sus obras litúrgicas, filosóficas y musicales Europa en la citada época, Margarita de Oigt, Gertrudis de Helfta, Matilde de Mandeburgo, Juliana de Norwich, Ángela de Foligno, Hadewich de Amberes, Hildegarda von Bingen y tantas otras.

En el amplio repertorio María Jonas, ha recreado fundamentalmente la música compuesta hace tantos siglos por la citada mística renana, Hildegarda von Bingen, nacida a fines del siglo XI, quien fue una de las mujeres más excepcionales e influyentes en muchos niveles en la Edad Media. Vestía con sus monjas, túnicas de seda blanquísima y coronas, en el monasterio de Rupersberg donde fue abadesa, y además de filósofa, médica y botánica, llegó a criticar la corrupción de las órdenes monásticas ante el mismo papa, Urbano II. Dictó a un monje sus visiones luminosas y le fue revelada una música con la que intentaba trasmitir el significado del espíritu de lo sublime, del mundo de lo invisible, a través de las escalas heredada de los modos griegos, con ritmo libre y ondulante, de corte monódico, para melodías acompañadas a veces con distintos instrumentos como arpa, salterio, organistrum, fídula, flauta, rabel y donde se exalta lo espiritual para hacerlo más asequible al género humano, con lo cual se llega a prestar una atención consciente para abrirse a una nueva dimensión al escucharla.

Así cuenta alguna de sus visiones en su libro "Vida y Visiones": "A los tres años vi una luz tal, que mi alma tembló, pero debido a mi niñez nada pude proferir acerca de esto".

Estando sentada escribiendo en unas tablillas de cera, sintió la fuerza del éxtasis, lo que le hizo comprender de golpe, todo tipo de conocimiento, y nos lo narra de esta manera: "Sucedió en el año 1141 después de la encarnación de Jesucristo. A la edad de cuarenta y dos años y siete meses vino del cielo abierto una luz ígnea que se derramó como una llama en todo mi cerebro, en todo mi corazón y en todo mi pecho. No ardía, solo era caliente (?) y de pronto comprendí el sentido de los libros, de los salterios, de los evangelios".

También sintió la imperiosa necesidad de escribir todo aquello que le sucedía, "todo cuanto viera u oyera. Con los ojos y los oídos interiores" así surgió su obra profética "Scivias".

Para Hildegarda, el neoplatonismo se manifestó plenamente en este terreno. En él la mujer era considerada un ser celestial, una "donna angelicata", mediadora entre el hombre y Dios. La música y el canto ponían también en relación al hombre con la divinidad. El canto reproducía así la armonía de las esferas, eco de la armonía celeste.

Por la música se consigue una profunda transformación personal y colectiva.

En el relato de su vida, realizado por Teodorico de Echternach, se dice que componía cantos y melodías de alabanza a Dios, sin haber realizado ningún estudio de lenguaje musical. Y a pesar de su autodidactismo compuso la Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestiales y el drama moralizante "Ordo Virtutum", -y si no han podido disfrutar de este concierto, los animo a que escuchen de la obra citada, la pieza "¡Oh Splendidissima Gemma!"- la pueden encontrar en YouTube interpretada por el grupo Ars Choralis Coeln, del que forman parte Amelia Cuni, Poul Hoexbro y María Jonas, quien además actúa como directora. No se sentirán defraudados.

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