Domingo 31, XVIII del tiempo ordinario

Bestias de carga

31.07.2016 | 00:35
Bestias de carga

Cuando al hombre actual se le habla de la esclavitud, se lleva las manos a la cabeza y no logra entender cómo aquellos hombres no se rebelaban contra el sistema. Pero no se da cuenta de que hoy se trabaja (libremente?) como bestias de carga echando horas por un sueldo miserable, porque lo importante es ganar dinero para irse de vacaciones, estar a la última moda o tener el último móvil para matar Pokémon en los ratos libres. ¡Cómo ha progresado la humanidad desde que abolieron la esclavitud!

Las lecturas de la palabra de Dios, que llevan varios domingos haciendo una llamada a la confianza y a olvidarnos en las manos de Dios, nos hablan hoy del trabajo, para recolocarlo en su justo sitio en esta vida tan ajetreada.

La sabiduría del Antiguo Testamento nos advierte de la vanidad de los esfuerzos y preocupaciones humanas. La pregunta del libro del Eclesiastés es de tremenda actualidad: ¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol, si va a tener que dejarle su porción a uno que no ha trabajado? Traducido a hoy: "Vas a ser el más rico del cementerio". ¿Qué sentido tiene trabajar para acumular? Los salmos nos advierten de lo efímero de la vida humana con frases como puñetazos en la cara: "Tú reduces el hombre a polvo", "El hombre es como hierba que florece por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca". Hay que pensar en qué vamos a gastar el tiempo que nos ha sido concedido, pues la vida terrena tiene una duración muy limitada y un fin desconocido, y no está la cosa como para malgastarla reventándose a trabajar, pues solo Dios es capaz de sacar adelante los proyectos humanos: "Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos". "A Dios rogando?".

En el Nuevo Testamento Jesús no propone una teoría sobre las relaciones económicas o laborales, sino que coloca el trabajo en su justo lugar: "La vida humana no depende de sus bienes". Las riquezas son un medio, no un fin. Hay que ser ricos ante Dios. Por eso llama a la conversión, a dejar los afanes de este mundo y dedicarse al verdadero trabajo: "Buscar los bienes de allá arriba, no los de la tierra". Porque Dios no va a juzgar nuestro éxito económico (como dicen los protestantes calvinistas), sino que nos va a exigir la vida y lo que hicimos con ella. Por eso, debemos dar primacía a lo que tiene importancia. Lo contrario, la avaricia, es una idolatría: la idolatría del dinero sobre Dios, de lo material sobre lo espiritual, del tener sobre el ser, del objeto sobre la persona, del producto sobre el trabajador?

Así que, ¡disfruten de las vacaciones, que no todo es "con el mazo dando"!

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