Imaginen

Nunca se escondan en un baúl hecho en Pakistán

22.07.2016 | 00:19
Imaginen

E l adúltero se encontraba en la casa de la adúltera, tal vez charlando o tomando el té. Los adúlteros no hacen siempre lo que imagina la gente fiel. De hecho, la infidelidad se practica por el afán de averiguar cosas acerca de uno mismo y de los otros. Sé de una adúltera vocacional cuyo matrimonio marcha bien gracias a las escapadas de ella (y quizá a las de él). El problema del adulterio es que, resultando saludable para el matrimonio, no se puede institucionalizar, ya que en ese mismo instante se volvería tóxico. Debe, pues, practicarse en condiciones de clandestinidad y sin que los cónyuges de los implicados lo sospechen siquiera. A mí no me gusta hacer cálculos (como a Madina, que dice que Sánchez ha perdido un voto por minuto desde que es secretario general), pero ahora mismo se están cometiendo en el mundo más adulterios que letras tiene este periódico. No puede ser tan malo, en fin.

Ahora bien, igual que en toda actividad de riesgo, de vez en cuando sucede una desgracia como la que leí recientemente. Sucedió en Pakistán, lo que nos permite hablar de ello con más libertad que si hubiera sucedido en Cuenca, donde se conoce todo el mundo. El amante, como decíamos, se hallaba en casa de la amada, ejercitándose en las actividades propias de su condición, cuando los infieles escucharon ruidos en el interior de la vivienda. La amante invitó al hombre a que se introdujera en un baúl del dormitorio, que, para mayor seguridad, cerró con llave, y el hombre falleció por falta de oxígeno. Lo hallaron más tarde, completamente cadáver.

El suceso invita a preguntarse de qué rayos hacen los baúles en Pakistán. ¿Cómo es posible que no se produjera en su interior la mínima corriente de aire capaz de mantener con vida a un adúltero inocente? Incluso los baúles más herméticos tienen rendijas a las que aplicar la boca en situaciones desesperadas. En todo caso, tampoco suelen ser tan sólidos como para resistirse a las patadas o a la presión de un cuerpo normalmente constituido encerrado en él. Todo esto significa que si yo perteneciera a la policía pakistaní, investigaría el suceso, por si se tratara de un crimen. Imaginen quién es el sospechoso.

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