El vestido femenino

Las duras imposiciones de la moral nacional catolicista a las mujeres en los años 50

21.07.2016 | 00:37
El vestido femenino

La época estival, las elevadas temperaturas propias del mes de julio y las modas que son las que mandan en eso del vestir, hacen que nos parezca de lo más natural ver a la mayoría de las féminas con lo más escaso de prendas sobre su cuerpo gentil. Como además se lleva mucho lo de tatuarse en diferentes partes de su piel, nos dan ocasión para recrearnos, no solamente en sus bellas formas sino también en la contemplación de verdaderas obras de arte talladas sobre su cuerpo. Como este tipo de exhibiciones se ha generalizado, nos parece lo más natural ver pasear a jóvenes que permiten ver un gran porcentaje de su anatomía para recreo de la vista de quienes las contemplan.

En contraposición a lo que vemos en la actualidad, leo en la prensa del mes de julio del año 1952 una exhortación del obispo de entonces en la que pretendía sentar las normas de cómo debe vestir la mujer honesta. Decía textualmente:

"Los vestidos no deben ser tan ceñidos que señalen las formas del cuerpo provocativamente. No deben ser tan cortos que no cubran la mayor parte de las piernas, no es tolerable que lleguen solo a la rodilla. Es contra la modestia el escote y los hay tan atrevidos que pudieran ser gravemente pecaminosos por la deshonesta intención que revelan o por el escándalo que producen. Es contra la modestia el llevar la manga corta de manera que no cubra el brazo al menos hasta el codo. Muy dignas de alabanza son las que llevan siempre manga larga que rebasa el codo y aun cubren todo el brazo. Es contra la modestia el no llevar medias. Es también contra la modestia el llevar los vestidos transparentes o con calados, en aquellas partes que deben cubrirse. Aun a las niñas debe llegar la falda hasta la rodilla y las que han cumplido doce años deben llevar medias".

"Los niños no deben llevar los muslos desnudos. Al templo se debe ir con mangas largas que cubran brazo y antebrazo, con medias y vestidos que cubran la mayor parte de las piernas, sin escotes, ni transparentes, ni calados"

Termina aquella pastoral diciendo: "porque el Señor está con nosotros y para que el verano sea para todos descanso y solaz del cuerpo y crecimiento del espíritu, edificación y apostolado de las almas"

No es que yo pretenda ahora rebelarme contra aquel nacional-catolicismo, porque es una parte de mi vida que ya pasó. Pero, ¡qué diferente es la vida hoy y qué bonitas son las mujeres al natural!

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