Políticos ajenos a los laboratorios

Ana Pastor representa el equilibrio institucional, la experiencia y la sencillez humana

21.07.2016 | 00:35
Políticos ajenos a los laboratorios

La elección de la zamorana Ana Pastor como presidenta del Congreso de los Diputados supone la recuperación de la senda del diálogo entre partidos, en este caso entre el PP y Ciudadanos, que parecía torcida y abocada al abismo de la sinrazón. No se trata de preferencias personales, sino de poner, por fin, un poso de cordura en un proceso en el que los pactos y los acuerdos deben presidir este nuevo período legislativo, tal y como revela el nuevo veredicto de las urnas.

Sin desmerecer al candidato socialista, Patxi López, lo cierto es que Ana Pastor era y es una opción que representa el equilibrio institucional, la experiencia y la sencillez humana, tres características que se hacen imprescindibles en cualquier político que aspire a representarnos a todos desde el tercer cargo en importancia del Estado tras el rey y el presidente del Gobierno. La dirigente zamorana cumple con ese papel desde la cercanía y el compromiso de servicio público sin renunciar a sus ideales y a su inquebrantable apoyo al jefe de filas. Es lo que tiene ser una personal fiel y fiable, dos condiciones que, sin duda, le han valido de salvoconducto desde hace tiempo para el viaje político en el PP y su reflejo en los diferentes ejecutivos de los que ha formado parte.

Ana Pastor no es de esas políticas que levantan pasiones, pero su fama de tenaz trabajadora y de actuar con exquisito rigor es lo que también se requiere cuando alguien se pone al frente de organismos o departamentos por donde fluye el dinero público y se tramitan los proyectos de las grandes obras nacionales. Y no me refiero, claro está, a sus nuevas responsabilidades al frente de la Cámara Baja, sino al Ministerio de Fomento que ahora deja vacante.

Esa forma de ser es una garantía y una muestra de confianza no solo para su mentor, sino para el conjunto de una sociedad hastiada con el excesivo personalismo y la falta de credibilidad. Ana Pastor evoca esa autenticidad en el desempeño de la política y ejemplifica esa convicción para ejercer un noble oficio que debe huir de la ficción y de los laboratorios de marca.

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