17 de julio de 2016
17.07.2016
Buena jera

¿Qué (nos) está pasando?

Niza y Turquía, últimos eslabones de una cadena de sinsentidos absurdos y sangrientos

17.07.2016 | 00:50
¿Qué (nos) está pasando?

cuando cayó el muro de Berlín y se desintegró la URSS nos dijeron que el mundo entraba en una etapa de estabilidad sin precedentes. La civilización occidental había triunfado, dominaba el capitalismo y el comunismo se batía en retirada y con el rabo entre las piernas. Antes nos habían contado, casi en directo, la muerte de las ideologías y su sepelio en medio de vivas a la mera gestión y a la victoria de la economía, o sea del dinero, sobre cualquier otra faceta de la vida. Todo iría como la seda porque ya el universo, sin las ataduras del pensamiento, era pura seda, incluso con ribetes de oro y piedras preciosas. Ya solo nos faltaba recoger los frutos y poner en un altar dorado, para rendirle honores y rezar ante él, el viejo lema del liberalismo decimonónico. "Dejad hacer, dejad pasar; el mundo va bien por sí mismo". Amén. Pero?

Pero... ¡Han venido, y siguen llegando, tantos peros! Surgieron las horribles contiendas de los Balcanes; la primera invasión de Irak; los ataques a las Torres Gemelas; la guerra de Bush, Blair y Aznar; la matanza de Madrid; las bombas en el metro de Londres; las sangrientas revueltas de la llamada "Primavera árabe", Libia, Túnez, Siria; el salvaje Estado Islámico y su cadena de atentados en París, Bruselas y Estambul; los millones de refugiados; la amenaza constante del yihadismo en cualquier hora y lugar con tiroteos, artefactos explosivos e inmolaciones que se llevan por delante todo lo existente, el rebrote, a veces violento y siempre perturbador, de los nacionalismos?

Y se desvaneció aquel mundo idílico que nos habían pintado los ganadores de la Guerra Fría. Sin la división en bloques, sin el enfrentamiento de ideologías, ¿el mundo es más seguro hoy que hace treinta años? No pregunten estos días porque ya saben de antemano la respuesta. Y la saben porque, tras los sucesos de Niza y Turquía, andamos con el corazón encogido, con el miedo en el cuerpo. Especialmente al ver lo acontecido en la ciudad francesa e intuir que nos pudo pasar a cualquiera. Recordé un dibujo de mi admirado Domingo Criado dedicado a un transeúnte fallecido al recibir una bala perdida en una calle del País Vasco en los años más bárbaros de ETA. Sobre una lápida figuraba la siguiente inscripción: "Aquí yace un hombre al que un día se le ocurrió salir a la calle". Algo parecido hemos pensado todos al enterarnos de la matanza de Niza. ¿Quién podía imaginar un hecho así? Y a estas horas aún se desconoce si el autor, un tunecino nacionalizado francés, lo hizo por sus vínculos con el islamismo radical o fue la acción aislada de un loco violento.

Investigaciones y especulaciones aparte, lo cierto es que los muertos y los heridos, muchos de ellos en estado crítico, están ahí, son reales. Y son una permanente llamada, involuntaria pero presente, al pánico, a la inseguridad, al temor a que pueda repetirse a la puerta de tu casa, en una concentración festiva, en un campo de fútbol, en un concierto.

No nos habíamos repuesto todavía del horror de Niza cuando nos cayó encima el golpe de Estado en tierras turcas. Y volvieron las interrogaciones de incredulidad: ¿es posible algo así en pleno siglo XXI, en una nación perteneciente a la OTAN que, además, quiere entrar en la Unión Europea?, ¿otro golpe al difícil equilibrio en la zona del mundo más inestable y propensa a los estallidos bélicos?, ¿qué habría sucedido si hubiera triunfado la asonada?, ¿qué pasará ahora?, ¿represalias, ajusticiamientos?, ¿giro hacia un islamismo más ultra y dictatorial?, ¿adiós al estado laico y moderno creado tras la Primera Guerra Mundial por Mustafá Kemal Atatürk?

Aunque parezca que el país otomano queda lejos, los acontecimientos de allí nos influyen. Y mucho. Nada será igual si Erdogan se escora aún más hacia el fundamentalismo religioso y se convierte en algo así como un califa con corbata. De momento, ya ha declarado que el golpe de Estado es "un regalo de Dios" que le permitirá limpiar el ejército. Ojo con las dádivas divinas y su uso por los mortales con ganas de perpetuarse en el poder y de eliminar rivales y gentes que puedan hacerle la competencia. Cuando escribo estas líneas van contabilizados casi cien muertos y numerosos heridos, hay miles de detenidos y, aunque se da por finalizada la rebelión, aún persisten focos de resistencia. Ya ha corrido la sangre.

Niza y Turquía como últimos ejemplos palpables, y sufribles, de un mundo donde, pese a los avances tecnológicos, Internet, la globalización y demás, seguimos inmersos en la inseguridad, el estupor, el sinsentido absurdo, el horror, el dolor y la rabia que brota de la injusticia y la impotencia. ¿Escarmentaremos alguna vez?

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