La columna del lector

La Zamora del conde Lucanor

16.07.2016 | 00:24

Reacción, antes de que nos arranquen el corazón.

Un raposo entró una noche en un corral do había gallinas. Así comienza uno de los cuentos del conde Lucanor. En busca de su alimento, el animal se distrajo y llegando el día, optó por hacerse el muerto para pasar desapercibido. Por aquello de las supersticiones, a uno le convino quitarle pelo, a otro una uña y a otro hasta un diente al supuesto cadáver del zorro. Pero llegado un momento, alguien tenía interés por arrancarle el corazón, momento en que el animal reaccionó, teniendo que escapar, porque en ello le iba la vida.

A Zamora y por aquel letargo, que de tiempo atrás le viene, se llevaron los saltos del Duero, solo su parte económica, para después burlarse, con la fasa. En tiempos más cercanos, le negaron la autonomía, le quitaron el cuartel, se llevaron la cárcel, le ofrecieron y no le dieron la sede de Las Edades del Hombre y hasta los talleres del ferrocarril, quedándose ambas en Valladolid.

No ha de ser así la moraleja, pero el raposo, antes de que le arrebataran el corazón, optó por enfrentarse y huir. Pero cuando quiso hacerlo, había perdido parte de su cuerpo. Si el zorro y desde un principio se hubiera enfrentado a lo que se avecinaba, hubiera podido sobrevivir con todo lo que le habían despojado. Así, Zamora, a la que tanto le han quitado, sigue adormecida, languideciendo, mientras administrativamente y poco a poco la van convirtiendo en un barrio pucelano.

Es hora de despertar, antes de que sea demasiado tarde y, como en el ejemplo, nos lleven el corazón y con ello la vida. Los que quedamos, y vamos sobreviviendo, debemos rebelarnos, reclamando lo que es nuestro. Para empezar, la autonomía del País Leonés, con el consiguiente ahorro administrativo.

Manuel Herrero Alonso

(Zamora)

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