Día tras día

El despertar de una pesadilla

Podemos lanzar señales de humo a Sánchez para una mayoría de izquierdas

08.07.2016 | 00:18
El despertar de una pesadilla

A los diez días de las elecciones generales del 26J parece que Podemos resucitó, o al menos comienza a despertar de la pesadilla y del estado cataléptico o casi en el que le hundió su fracaso en las urnas, donde se quedó con un millón de votos menos. Y empieza a enviar señales, aunque sean de humo, al recién hallado Sánchez, si bien se precisa que no a través de Iglesias sino de Errejón, que ha manifestado que como matemáticamente es posible el objetivo común de los partidos de izquierda -echar a Rajoy de La Moncloa- hay que intentarlo, para lo que Unidos Podemos vuelve a tender la mano al PSOE, sobre lo que los socialistas no se han manifestado claramente, aún hundidos en su ambigüedad y debilidad, por lo cual no quieran seguramente propiciar ninguna falsa expectativa, dejando las cosas como están por si los grandes señores del PSOE deciden, y es lo más probable por lo que se apuesta hoy día, la abstención de Sánchez para dar luz verde a un Gobierno del PP en minoría y con posibles apoyos puntuales.

La realidad es de suponer que no pasa desapercibida una vez más para Iglesias y los suyos, lo mismo que pasó desapercibida para el nefasto Zapatero la llegada de la gran crisis. Porque aunque se dieran a la postre todos los supuestos más favorables para una investidura de Sánchez, fracasada también en segunda vuelta la de Rajoy, nadie cree que el milagro pueda producirse, igual que nunca se creyó tampoco en que el milagro del Ejecutivo PSOE-Ciudadanos pudiera llevarse a cabo, dado que el único que podía conseguirlo: Podemos, con su abstención, se sabía que no iba a hacerlo, cargando a sus espaldas con una responsabilidad histórica que ahora empieza a pesarle. Hablan de una suma de 176 diputados, incluyendo nacionalistas e independentistas para un Gobierno de cambio y progreso. Si finalmente Ciudadanos pasa a la oposición, como acaba de anunciar Rivera, algo que parece que no disgusta a Rajoy sino todo lo contrario, y a la espera de una abstención de última hora del PSOE, por el bien de España, claro, al PP le quedaría la baza del PNV y de Convergencia. Una baza que por supuesto van a a jugar pues quieren seguir gobernando al precio que sea, aun a riesgo de construir un Ejecutivo minoritario, con una oposición en mayoría que llevaría a una etapa breve e inestable. Por lo pronto, los nacionalistas del PNV ya empiezan a poner condiciones, algunas de tanto calado político como el acercamiento de los presos etarras a las cárceles vascas. Toda una prueba de fuerza para un PP ya muy desgajado de una derecha genuina que no admite las concesiones de Rajoy y los suyos para conseguir votos. Y por el otro lado, por el catalán, quedan los de Convergencia, los restos del naufragio de la antigua CiU, aquel partido que a cambio de privilegios y más privilegios, sobre todo económicos, permitió el paso de Aznar primero y Zapatero después por La Moncloa. Para contar con sus escaños, el PP tendría que pagar y mucho, siempre que el disparate secesionista no ande por medio.

Esa de gobernar en minoría es ahora la opción que más se baraja, siempre contando con que el PSOE e incluso Ciudadanos se abstuviesen. O bien que Rivera volviese a dar vuelta a la tortilla y apoyase a Rajoy. Pero hasta se empieza a hablar del 20 o 27 de noviembre como fecha para nuevas elecciones.

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