Día tras día

Adiós, marqués

Del Bosque no es como Rajoy y acepta irse a su casa tras los últimos fracasos

04.07.2016 | 00:33
Adiós, marqués

Bueno, pues al final resulta que Del Bosque no es como Rajoy y acepta irse a su casa, tras los últimos grandes fracasos en el Mundial de Fútbol y ahora en la Eurocopa. Solo que debió haber asumido esa responsabilidad hace un par de años, lo cual hubiese evitado, tal vez, la nueva decepción que la selección española ha transmitido a los aficionados al balompié.

Del Bosque era un proyecto agotado hace tiempo y todos lo sabían porque resultaba evidente, todos menos él y Villar, el singular presidente de la Federación de "furbor", como el hombre dice. Pero el seleccionador y entrenador nacional, icono del buenísmo y la corrección política a todos los niveles, no quiso dejar el chollo entonces y ahora ha tenido que irse justo antes de que lo echen.

Nadie niega sus méritos, un campeonato del mundo y otro de Europa, con un equipo de esos que salen de higos a brevas y que como se está viendo es muy difícil de repetir y lo será en mucho tiempo según se desprende de lo visto en los terrenos de juego. Se encontró con un conjunto excepcional, hecho por Luis Aragonés, y se limitó a seguir el rebufo en la cresta de la ola. Ello le ha valido los éxitos deportivos y el haberse apuntalado una fama como entrenador de élite y sobre todo como seleccionador capaz de llevar con mano amiga un vestuario de grandes estrellas. Y un título nobiliario.

Su problema es que no ha sabido nunca renovar ni renovarse. A las citas de la selección han ido una y otra vez los mismos de antaño, de cuando la Eurocopa de hace ocho años, como si el tiempo no pasase por los futbolistas acumulándose en su mente, en sus reflejos y en sus piernas. Casillas, tan acabado que los aficionados del Oporto no le quieren ni ver defendiendo la meta de su equipo, ha sido el ejemplo principal. El seleccionador siempre le había defendido, le había puesto de titular en Brasil, donde consumó un espantoso ridículo, y le ha vuelto a llevar a Francia. Pero en el país vecino ya no se atrevió a ponerle bajo los palos, dado lo mucho que estaba en juego, y le dejó en el banco de los suplentes. A Casillas el asunto no le debió gustar un pelo y algo pasó por lo que Del Bosque, ahora, se ha revuelto contra el exportero titular de la selección, dejando atrás su afabilidad habitual.

Tampoco se renovó en lo técnico y eso quizá fue lo peor, porque España sigue jugando igual, con esa fórmula aburrida, a la que ya todos han tomado la medida, del tikitaka, del fútbol de toque y más toque, pasecito va y pasecito viene pero sin tirar nunca a puerta no sea que el contrario se vaya a enfadar y acabe ganando. Ni su tan admirado Barcelona, aunque Del Bosque fuera jugador y entrenador del Real Madrid, juega ya así desde hace varios años. Los resultados a la vista están. Una selección que solo gana a los equipos de reconocida debilidad muy lejanos al nivel futbolístico de España pero que tropieza desde hace ya demasiados años cuando enfrente tiene un rival poderoso y de su talla.

Nueva etapa para el fútbol nacional, que a ver si se inicia felizmente acertando con un nuevo seleccionador que se atreva a renovar nombres y esquemas. Adiós, marqués.

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