Católico no practicante

Los hijos del "programa, programa, programa" luchamos en cada momento por unos objetivos

24.06.2016 | 00:24
Católico no practicante

Gústame contar que soy "promiscuo no practicante", basándome en el gran hallazgo que supuso para la civilización el descubrimiento de la cabriola intelectual de "ser católico no practicante".

Dícese "católico no practicante" de aquel que se confiesa católico pero no se confiesa (ni va a misa, ni celebra ninguno de los ritos ni preceptos de dicha religión).

La existencia cultural del término "católico no practicante" tiene una ventaja dual y descomunal para ambas partes (para la institución y para el individuo).

A la institución (la Iglesia Católica) le viene de perlas poder sumar a sus estadísticas a los católicos no practicantes ("Yo sí creo, dicen, pero en Dios no en la jerarquía eclesiástica") porque así se puede presentar ante la sociedad como más grande de lo que realmente es.

Y también le viene fenomenal al individuo, al feligrés, al católico no practicante, porque piensa que así se va a salvar (creo en Dios y él me lo agradecerá enviándome al cielo) sin tener que penar, ni hacer penitencia practicando los Diez Mandamientos.

Dicho esto, nos encontramos con un fenómeno parecido, pero substancialmente distinto, que se da en el mundo de la política.

Resulta que a Pablo Iglesias (Podemos) le ha dado por decir que es socialdemócrata porque Unidos Podemos (IU más otros como Podemos) promete aplicar un programa socialdemócrata si gobierna (el conocido como "50 pasos para gobernar juntos un nuevo país").

¿Es eso algo disparatado, o cínico, o aberrante? En absoluto.

Eso que dice es tan válido como si otros dicen que son "comunistas no practicantes". Porque en definitiva, los que somos hijos del "programa, programa, programa" (punto de apoyo para una unión, según lo definió Julio Anguita) lo que venimos a proponer es que en cada momento electoral hay que luchar por unos objetivos concretos. Estos son los que configuran el programa, y según su filosofía son más o menos rojos.

En el norte de Europa (países escandinavos) los partidos socialdemócratas, cuando gobernaron, fueron "socialdemócratas practicantes", mientras que en España el partido que llevaba esa vitola fue "socialdemócrata no practicante".

Jesús el Galileo lo decía así: "Por sus obras los conoceréis", y Carlos Marx espetaba que lo que vale es la praxis (la práctica) y no la teoría. Y hay más, cuando el Ché Guevara conoció a Salvador Allende (que ganó las elecciones en Chile democráticamente y gobernó dos años, hasta que se dio un golpe de Estado financiado por la CIA), le regaló uno de sus libros, poniendo en la dedicatoria. "A Salvador Allende que por otros medios trata de obtener lo mismo".

Esa es la diferencia que se ventila ahora, optar por un programa socialdemócrata sí practicante, o por contra elegir un programa socialdemócrata no practicante o lo que es peor un capitalismo socialgamberro sí practicante.

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