Teniente de alcalde del Ayuntamiento de Zamora

Sencillas reflexiones de economía en torno a los ajos de San Pedro

Un producto cuya producción y precio son importantes para la mayoría de la población

21.06.2016 | 00:26
Sencillas reflexiones de economía en torno a los ajos de San Pedro

Si el año pasado hubo que autorizar la acera de Cardenal Cisneros para instalar puestos de ajos porque la avenida de las Tres Cruces se quedó pequeña, en estas fiestas habrá cincuenta y ocho puestos menos en la tradicional Feria del Ajo de San Pedro.

Los organizadores explican este importante descenso de ajeros por las abundantes lluvias de este año, pero sobre todo porque hay menos productores y los que quedan van envejeciendo y ya no tienen tiempo ni ánimo para dedicarse a la dura tarea de sacar el ajo y elaborar las ristras. Por otra parte, advierten los sindicatos agrarios que el precio de los ajos va a subir porque China, que es el mayor productor del mundo, ha tenido una mala cosecha

¡Eso sí! En la feria el precio va a ser similar al de otros años. Así que no se nos asusten los zamoranos que un año más cargarán al hombro con las ristras del que va a ser protagonista cada día y en cada casa de la cocina tradicional zamorana.

La primera reflexión es precisamente esa, la de que el ajo es un producto habitual de la despensa y por ello de la economía. Como sucede con todos los productos del campo que se utilizan para comer, y que por lo tanto afectan a todo el pueblo. Su consumo, su producción y su precio son más importantes para la mayoría de la población que las grandes cifras encriptadas de la macroeconomía.

Como el pueblo está acostumbrado a comer para sobrevivir, la segunda reflexión pone de relieve la importancia del campo, de la agricultura y la ganadería, en la economía de un país. Y el descenso de ajos pone en evidencia que la Zamora rural pierde puestos de trabajo y se despuebla. Y con la pérdida de población desaparecen las manos que siembran y sacan el ajo, las que lo entrelazan en ristras, y las que nos lo ofrecen en la feria con la sencillez de quien no se siente importante porque es el sencillo trabajo de siempre.

Los acostumbrados a regatear el precio de los ajos -los consumidores que tienen que hacer equilibrios financieros con la pensión, el paro, el trabajo precario o la renta de ciudadanía- aprenderán que existe la ley de la oferta y la demanda, y que cuanto menor es la producción, mayor es el precio. Una pequeña lección de economía que podríamos entender cualquiera si no fuera porque campo hay de sobra en Zamora y parados otro tanto, por lo que solo habría que trabajar más para que bajaran los precios. Algo de sentido común si la tierra fuera para el que la trabaja.

Y por si esta reflexión ya se sale del pensamiento económico habitual, aunque no de la lógica, lo del mercado chino y su influencia en el precio ya desborda las fronteras provinciales y la sencilla feria de cercanía de San Pedro, para formar parte de esa economía globalizada en la que productores y consumidores de todos los países equiparan las lluvias y las políticas agrarias para soportarlas con la misma resignación. Como si cayeran del cielo y fueran irremediables.

Una reflexión más sobre el descenso de ajos -y quien dice ajos dice leche, ganado, cereales, vino, pan y cebolla- es la extrañeza porque las cosas del comer no hayan sido tratadas en los debates televisados de los candidatos a presidentes de España en la re-campaña.

Más raro aún es que el campo y lo rural no sea protagonista de los discursos electorales en Zamora. O que cuando lo es para el candidato alcalde de pueblo que vive en Madrid y que defiende las diputaciones como trampolín hacia la alta política, no se le ocurra otra cosa que pedir un Plan Marshall para la zona rural.

La reflexión final la pone Berlanga a huevo -perdón pero hablamos del campo- con su película "Bienvenido Mister Marshall".

Esperemos que después de la campaña no se nos quede a los zamoranos la cara de los habitantes de Villar del Río tras ver pasar la rauda caravana de políticos del Plan Marshall. Y que en todo caso sea el citado alcalde el que se quede con la banderita cantando: "Americanos, os recibimos con alegría?".

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