La leyenda del robo sacrílego

El obispo Esteban dio orden de que la cabeza del ladrón quedara en el hueco de la portada sur de la Catedral

08.06.2016 | 00:14
La leyenda del robo sacrílego

Cuenta la leyenda que la cabeza de piedra existente en la parte superior de la portada sur de la Catedral de Zamora es la de un ladrón que entró a robar en el templo y cuando quiso escapar quedó allí atrapado.

Allá por el siglo XII, cuando las obras de reconstrucción de la Catedral estaban muy avanzadas y a punto de acabar, el prelado don Esteban recibió un importante donativo que envió el rey en sendas cajas con monedas y alhajas que el soberano y su hermana doña Sancha aportaban para el nuevo templo.

Un noble llamado don Diego que presenció la llegada de aquel tesoro, cegado por la codicia, preparó el robo escondiéndose entre las piedras de la puerta del sur. Cuando al llegar noche todo quedó a oscuras, se dirigió sigilosamente al claustro violentando la puerta del tesoro sin que se apercibieran los canónigos allí dormidos. Fue sacando uno por uno los saquitos de alhajas y doblones y los arrojaba por el hueco que había para dar luz a las obras. Los compinches que esperaban abajo los cogían en el aire y cargaban en las mulas que tenían preparadas.

Cuando el ladrón dio por terminada la operación, se asomó al hueco para saltar por él y entonces se obró el tremendo prodigio. Apenas metió la cabeza por la inacabada ventana, las piedras se apretaron hasta ceñirle el cuello como un dogal. El cuerpo cayó a tierra y la cabeza quedó asomando en el hueco. Los escuderos huyeron con el tesoro por las orillas del Duero y allí quedó la cabeza del ladrón.

A la mañana siguiente el obispo Esteban dio orden de que se enterrara el cuerpo y la cabeza quedó allí para lección y escarmiento. Pasados los días la cabeza se fue endureciendo hasta convertirse en una piedra más de la fachada.

Pocos días después se rescató el tesoro y los escuderos cómplices fueron colgados de un poste. Ahí queda la leyenda del robo sacrílego y en la portada meridional, también conocida como Puerta del Obispo, continúa la cabeza de piedra con un rictus de espanto que ha dado origen a la narración.

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