Crónicas de un paso de cebra

Agencias marquetineras creadoras de caudillos

Perdidos en el laberinto de momentos mitineros tan cruciales

08.06.2016 | 00:14
Agencias marquetineras creadoras de caudillos

Gustavo Estrada Luque es un ingeniero en Comunicaciones y Electrónica mejicano, además de graduado en Semiología, que fundó en 2008 el Centro de Desarrollo Humano "Loving World Spa" con un fin altruista, porque quería fomentar el desarrollo de la conciencia en nuestra sociedad. Ha recogido en un libro, "Despertar de la locura de amor", numerosos de sus poemas, frases y cuentos.

A pesar de su dedicación al mundo de la tecnología, no se olvida de nuestro potencial de conciencia que cada vez se va desarrollando más. Dice que estamos aquí para realizar nuestro sueño amoroso, lo que requiere entusiasmo y voluntad, pero también el desaprender muchas cosas que nos estorban y eso lleva mucho tiempo. De esa manera, la vida nunca dejará de asombrarnos. Suele utilizar en sus escritos el símbolo del laberinto. Suya es la frase siguiente: "Todo lo que había que escuchar ya se dijo. Nada de lo que había que entender se ha entendido. Seguimos perdidos en el laberinto".

Un dédalo o laberinto es un cruce intencionado de caminos que sirve para desaprender más que para confundir a quienes en él se adentran, porque aunque la senda verdadera parezca única y todos crean saber cuál es la salida, acaban la mayor parte de las veces desorientados.

En un laberinto siempre hay que leer entre líneas, porque su significado va más allá de la realidad, son símbolo de las habilidades que puede desarrollar el ser humano para controlar su propio destino, también una trampa para atrapar a los malos espíritus y por supuesto se relacionan con la idea de renacer. Un laberinto es fuente de inspiración continua para muchos autores. Uno de los más famosos es el de Creta, aquel que construyó Dédalo a petición del rey Minos para esconder a su hijo, mitad hombre, mitad toro, que tantas desdichas le trajo a la sociedad en la que vivía y al que acabó matando Teseo. Este pudo salir gracias al hilo que le dio la hermana del monstruo, Ariadna, la cual se había enamorado perdidamente de él.

Uno de los laberintos que más me ha impresionado, tal vez por la angustia que me produjo el no poder salir de él por mis propios medios, fue el de la Villa Pisani, cerca de Venecia. Estuve recorriendo las villas de Palladio, el exquisito arquitecto paduano del siglo XVI en las orillas del Brenta, Villa Rotonda, La Foscari o Malcontenta, la Barbaro y unas cuantas más, y al final llegué a esa soberbia Villa Pisani, que aunque es posterior, fue construida a partir de 1720, presenta un gran jardín laberinto de nueve círculos concéntricos que acaban en una torre central rematada con la figura de Minerva, diosa de la razón, que vigila para rescatar a quienes se pierden en él, y desde la que se divisan perfectamente todos los lugares. (También hay una persona de guardia todo el día en la torre, porque casi todos los que entran allí, acaban perdiendo el norte).

Se cuenta que hasta el mismo Napoleón se perdió en él, en 1807. En dicho lugar se reunieron Hitler y Musolini para negociar las alianzas previas a la 2.ª Guerra Mundial.

Ese laberinto también sirvió de inspiración a Gabrielle d`Annuncio, siendo su compañera la actriz y cantante Eleonora Duse, para quien escribió su obra autobiográfica, "Il Fuoco". Él se representó como Stelio Effrena, identificándose con el superhombre de Nietzsche, que no necesita a nadie para generar su propio sistema de valores, alejado de toda doctrina y de todo conformismo o resignación.

Y he querido con este artículo, donde una cosa ha llevado a la otra, al parecer sin conexión (claro que hay que leer entre líneas), intentar encontrar un sentido al laberinto en el que estamos inmersos en estos momentos mitineros tan cruciales, para ver si es posible dar con una respuesta basada en la razón, alejándonos de los populismos que equivocan a los pueblos con falacias donde se empieza por la aceptación de la violencia, y se sigue con la falta de libertad de expresión, la hambruna, la desesperación, y se suele rematar con la violación de los derechos humanos, tan necesarios para una digna convivencia entre todos los que deseamos unas relaciones pacíficas.

Ustedes deben buscar su propia respuesta, pero como en todo laberinto hay un principio, aunque no se sepa muy bien cuál será el final. Lo que sí está claro, antes de perdernos, es que aún podemos analizar cómo en otras latitudes se ha llegado a un punto sin retorno del laberinto y tomar la dirección que nos parezca más certera. Por eso hay que pensar seriamente que solo de nosotros depende nuestro futuro.

Y si nos parece imposible, controlar nuestro propio destino o atrapar a los malos espíritus o espantar nuestras desdichas o por supuesto renacer, porque si todo lo que había que escuchar ya se dijo, y si nada de lo que había que entender se ha entendido, y si seguimos perdidos en el laberinto, recurro de nuevo a Gustavo Estrada Luque quien sostiene que: "Para salir del laberinto del mundo, solo hay una puerta, está dentro de ti, es tu conciencia". Debemos pararnos a escucharla. Para ello solo necesitamos un poco de reflexión y de silencio.

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