Actualidad ocasional

Encontramos en Cassius Clay una contradicción viviente acusada: un hombre que hizo de la lucha su vida

07.06.2016 | 00:14
Actualidad ocasional

Hay acontecimientos que, debido a su importancia excepcional, llenan páginas de periódicos y horas de radio y televisión cuando se producen. Entre ellos unos, por su importancia permanente, siguen a diario en la memoria de los medios y en sus manifestaciones durante mucho tiempo, algunos permanentemente. Otros, por el contrario, son muy vivos en el momento de su aparición y pasado muy poco tiempo -tal vez un par de días- caen en el olvido para nunca más volver al recuerdo público. Hay otros, finalmente, que habiendo caído en el olvido surgen a la actualidad con ocasión de un factor determinado.

Este año tenemos varios acontecimientos de esos que llaman la atención de todo el mundo y que han recrudecido un recuerdo que nunca ha desaparecido. En España ha sido un personaje de perpetuo recuerdo santa Teresa de Ávila; y en España (y fuera de ella también) don Miguel de Cervantes ha sido un personaje de recuerdo perenne, sin duda alguna por la importancia de sus obras, especialmente el "Quijote". Habiendo sucedido el nacimiento de una y el fallecimiento del otro hace cientos de años, el hecho de que este año 2016 coincida con el 16 de su acontecimiento importante nos los trae al presente de una manera especial.

Recientemente se ha producido otro acontecimiento que se refiere a un personaje que fue estrella durante bastante tiempo; después ha ido apareciendo de vez en cuando por su aportación a la beneficencia y, también, por sus enfermedades y su lucha duradera contra ellas, la última el párkinson, que le ha costado 32 años de lucha y que, complicado con otra dolencia -como ocurre en este y otros muchos casos- se lo ha llevado, habiendo dado lugar a una de esas "resurrecciones" de la fama. Una de las más instructivas se ha producido en La Opinión-El Correo de Zamora bajo el título (un resumen que lo dice todo): "Adiós al campeón eterno". En una página está contenida su lucha por llegar al estrellato, sus batallas por mantenerse en él y esta despedida, que no dirá "hasta siempre", sino "hasta mañana", porque la prensa, hablada y escrita, estará unos días hablándonos del Cassius Clay que, con su conversión al islamismo, se cambió a Mohamed Alí. Con estos dos nombres pervivirá en la memoria de todos los que, poco o mucho, hemos estado pendientes de la vida del boxeo mundial.

Encontramos en Cassius Clay una contradicción viviente acusada: un hombre que hizo de la lucha su vida, porque vivió a costa de sus triunfos, muy grandes en lo deportivo y millonarios en su resultado económico, fue sancionado por pacifista en el asunto de la Guerra del Vietnam. También vivió para el mundo proporcionándole ratos entretenidos ante el televisor y oyendo la radio, y preocupándose por las desgracias que afectan a la humanidad, especialmente a la que lo convirtió en víctima (el párkinson), que -igual que ha ocurrido en otros casos, por ejemplo en nuestro Carreras- lo llevó a instituir una fundación que ayude al mundo de la investigación en la finalidad de vencer a la enfermedad, si es posible de manera definitiva. Precisamente esta fundación hará permanente su presencia en el mundo de la fama, pasados estos pocos días de reconocimiento ocasionado por su defunción.

Lo de estos días entra en el grupo de las "actualidades ocasionales", muy merecidas, como irán entrando a diario personas que ganan para sí y para el mundo ventajas imponderables con sus trabajos y logros extraordinarios. Y, como ocurrió y ocurrirá en el perdurable futuro, también en este, la institución fundada se convertirá en permanente hasta la consecución del fin del párkinson (¡ojalá sea pronto!). Después quedará el nombre de la empresa, desprovisto de la información actual. Ocurrió, por ejemplo, con el descubridor de algo tan imprescindible hoy como es la penicilina: en el mundo, todos sabemos que fue el doctor Fleming, pero conocer la vida y milagros de ese doctor queda para especialistas y para personas muy interesadas en el asunto y, tal vez, para personas que perdieron a seres muy queridos por una enfermedad -entonces mortal- que hoy fracasaría en su luctuoso cometido por la aplicación del antibiótico conveniente. Por la parte que me toca, pienso en la peritonitis, que el año 1939 era "mortal de necesidad", porque no existía la penicilina.

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