Director de Operaciones de Sigma 2

¿Es mejor el presidencialismo que el parlamentarismo?

Ventajas e inconvenientes de cada uno de los sistemas políticos

03.06.2016 | 00:05
¿Es mejor el presidencialismo que el parlamentarismo?

Los problemas para investir un gobierno que hemos visto en nuestro país desde las elecciones del pasado 20 de diciembre han puesto de relieve una de las dificultades fundamentales que tienen en la actualidad los sistemas políticos de base parlamentaria.

Hasta los años treinta del pasado siglo XX, estos sistemas tenían dos problemas principales, uno relacionado con el acceso al poder (qué ocurría cuando ningún partido tenía mayoría) y otro con el mantenimiento en el mismo, ya que los gobiernos eran derrocados con frecuencia a través de mociones de censura. Este segundo problema se solventó con las limitaciones a la presentación de mociones de censura que se fueron introduciendo en las Constituciones después de la Segunda Guerra Mundial; así, estas mociones pasaron a ser constructivas, es decir, tenían que incluir un candidato alternativo para poder ser votadas y, además, solo se podían presentar de manera limitada a lo largo de la legislatura, tal y como especifica, por ejemplo, el artículo 113 de la Constitución. Empero, y tal como hemos visto en nuestro país en los últimos meses, sigue presente el problema de qué ocurre cuando ningún candidato consigue obtener la confianza del Congreso. La celebración de nuevas elecciones puede llegar a que un país pase más de medio año con el gobierno en funciones, lo que dificulta de manera evidente el impulso político que un gobierno puede imprimir a la gestión para llevar a cabo las reformas que el país necesita.

Esta dificultad contrasta, por lo tanto, con lo que ocurre en los sistemas de base presidencialista. Es decir, aquellos en los que el presidente es elegido directamente por los ciudadanos, no como en los sistemas de base parlamentaria, en la que el Gobierno es elegido por el Parlamento. Sin embargo, esto no debe llevar a hacernos pensar, sin más y de manera acrítica, que es preferible un sistema presidencialista a uno de base parlamentaria. Y tenemos también varios ejemplos de máxima actualidad para entender por qué no es sencillo dictaminar cuál de los dos sistemas es mejor. En todo el continente americano es habitual encontrar que, a semejanza de lo que ocurre en los Estados Unidos, los sistemas políticos sean presidencialistas (el de Canadá es una excepción, ya que allí el sistema es de base parlamentaria, siguiendo el modelo británico y ejerciendo de jefa del Estado la reina de Inglaterra). Esto supone por lo tanto que el poder ejecutivo (el Gobierno) y el legislativo (el Parlamento) tienen cada uno diferente legitimidad, al ser ambos elegidos por los ciudadanos. Esto origina que puedan darse situaciones que no se pueden dar en un sistema parlamentario, como que el gobierno sea de un partido y en el parlamento tenga mayoría otro diferente. Cuando esta situación se da, el conflicto es inevitable, y las consecuencias pueden ser aún más graves que la simple existencia de un gobierno en funciones como está pasando ahora en España. Tenemos, a este respecto, algunos ejemplos recientes que es interesante analizar. En primer lugar está el caso de Brasil. El proceso de destitución que ha llevado a cabo el legislativo contra la presidenta Rousseff por haber violado normas fiscales ha originado su sustitución temporal mientras el Senado inicia contra ella un denominado juicio político. A partir de ahora será el Senado el que, por mayoría reforzada, tendrá que confirmar si es apartada de su cargo o no. Hay que tener en cuenta que el Partido de los Trabajadores, el partido de la presidenta Rousseff, solo tiene 11 senadores de un total de 81 que conforman la Cámara, por lo que es posible que finalmente se confirme su destitución. Tenemos también el caso venezolano. La aplastante victoria de la oposición agrupada en la Mesa de la Unidad Democrática en las elecciones legislativas de diciembre de 2015, en la que obtuvo 112 de un total de 167 escaños ha generando un escenario de confrontación directa entre el gobierno autoritario de Nicolás Maduro y la Asamblea Nacional. Pero estos escenarios no son exclusivos de Iberoamérica; en Estados Unidos hemos visto presidencias demócratas, como la de Barack Obama, conviviendo con legislativos de mayoría republicana. Ello ha llegado a originar en varias ocasiones en los últimos años el cierre de gobierno (Government shutdown) ante la falta de aprobación del presupuesto por parte del poder legislativo.

Una mirada comparada nos hace entender por lo tanto que ambos sistemas, el de gobierno presidencialista y el de base parlamentaria, tienen aspectos positivos y aspectos negativos. La clave, como casi siempre en el ámbito de los instrumentos en ciencias política, es que el sistema sea aceptado como legítimo por la mayoría de los actores que participan en él.

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