De grandes y pequeños

En medio de un mundo herido hemos de hacernos hombres nuevos

29.05.2016 | 00:55
De grandes y pequeños

Tanto tiempo conmigo y aún no habéis entendido nada? Esto preguntaba Jesús a sus discípulos, que no entendían nada ni acertaban a encajar en sus mentes la lógica de grandes y pequeños que traía el que venía a servir y no a ser servido, a vivir desde, por y para los otros.

Quizás hoy muchos nos encontremos en la misma situación cuando le miremos en el Pan compartido y veamos a quien se entrega, se parte y se entrega a los demás, haciéndose levadura en los pequeños, revelando la verdad a los sencillos, a los humildes. ¿Entendemos de verdad a ese Jesús descalzo del Evangelio que dicta la ley del amor al prójimo, esparciendo semillas y agua de vida por los surcos de la tierra más pobre, levantando al que se cae? ¿Somos capaces de encontrar un hueco en la escala de valores de nuestra sociedad a este Dios que se rebela contra un mundo instalado en la superficialidad? ¿Estamos dispuestos a interiorizar la radicalidad de un mensaje de justicia que no se puede quedar únicamente en signos externos?

Quizás hoy nos preguntemos en qué medida y de qué manera podemos salir de nosotros mismos, romper con la espiral del individualismo y la competitividad y ponernos al servicio de los demás. El lema escogido por Cáritas para el Día de la Caridad que celebramos hoy es "Vive la Misericordia, deja tu huella" y nuestro obispo se refiere a él en su carta pastoral para esta jornada, huellas para "mirar a los otros con los ojos compasivos de Dios; salir al encuentro de cuantos viven en situaciones de necesidad, movidos por la fraternidad y la gratuidad, según el ejemplo de Cristo; y practicar abundantemente la justicia, denunciando las múltiples injusticias que pueblan nuestro mundo y ejercitando cada día gestos de misericordia".

En medio de un mundo herido en lo político, en lo económico y en lo social, hemos de poner todo nuestro esfuerzo en hacernos hombres nuevos, a ejemplo de quien da su vida por los demás y no de quien pisotea y humilla a los demás para su bien particular. Sentados a la misma Mesa nos reconocemos -aún en nuestras dudas, en nuestras debilidades y en nuestras pequeñas luchas diarias contra el egoísmo- hermanos de una misma Carne, que se estremece, se conmueve y se rebela ante cualquier sufrimiento o injusticia.

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