Teniente de alcalde del Ayuntamiento de Zamora

La Virgen de la Concha, entre el sentimiento y la razón

En la sociedad conviven con normalidad distintas religiones y no se debe discriminar ni favorecer a ninguna políticamente

24.05.2016 | 00:12
La Virgen de la Concha, entre el sentimiento y la razón

Aunque pueda equivocarme, yo pienso que las creencias y tradiciones religiosas que se celebran, además de con cultos en los templos, con ritos y actos públicos festivos, tienen más de sentimiento que de razón. Solo así se explica algo que parece tan poco racional como tener una Virgen "preferida" incluso entre personas que profesan la fe católica, cuando la Madre de Jesús es solo una y la misma, y así lo dice la Iglesia. Es el sentimiento el que hace que la emoción sea distinta según de qué Virgen se trate.

Quizás dependa de la propia talla, del simbolismo, e incluso de la zona donde se venera. Por eso en Zamora no conmueven imágenes tan populares como la andaluza Virgen del Rocío, la catalana "Moreneta", la del Pilar y del Carmen -muy celebradas por lo popular de sus nombres- y hasta la vecina portuguesa de Fátima. Y lo mismo sucede con la del Canto en Toro, la de la Vega en la fértil Benavente, la de las Victorias en Puebla? y no sigo porque cada pueblo tiene su Virgen.

Entre las más conocidas en la capital, tres son de Semana Santa, y representan las fases del duelo: Nuestra Madre, el intenso desgarro de la muerte de un hijo; la Soledad, el sordo dolor de la tristeza, y la Esperanza, la aceptación.

Pero además de estas Vírgenes tristes, hay una dormida, la del Tránsito, y están las alegres como la de la Guía y la Peña de Francia, en la izquierda y en la derecha de las márgenes del Duero. Y sobre todo la romera Virgen de la Concha, que anda en andas todo el año llena de flores, se acerca hasta La Hiniesta pasando por Valorio y los campos floridos y hermosos de mayo, y vuelve a las fiestas de septiembre.

Son las Vírgenes de nuestras tradiciones, mujeres que representan fuertes sentimientos. Por ello hacen latir fuerte el corazón que, frágil y vulnerable, puede sentirse herido. ¡Nada más lejos de nuestra intención, la del actual ayuntamiento de Zamora!

Porque reconociendo e incluso en algunos casos compartiendo las emociones, lo que la razón nos dice es que no se debe utilizar desde la política estos sentimientos, sino respetarlos y apoyarlos como patrimonio del pueblo que son, y nunca como patrimonio de ningún gobierno y mucho menos de ningún partido.

La razón y la propia Constitución nos dicen que el Estado no es confesional, y que por ello hay que separar lo religioso de lo político. Porque en la sociedad conviven con normalidad distintas religiones, y no se debe ni discriminar ni favorecer a ninguna políticamente.

La razón por la que aún cuesta ver con normalidad la separación entre política y religión, puede deberse a que se ha hecho tradicional lo que fue una imposición del nacionalcatolicismo durante cuarenta largos años, cuando las autoridades desfilaban en las procesiones bajo palio. Muchas tradiciones de ahora, tienen ahí su origen.

Pero como ya es tradicional, algunos ciudadanos y cofrades de la Concha no entienden que desde el ayuntamiento les ayudemos a festejar la celebración del Corpus con medios humanos y económicos de todos los zamoranos, pero que defendamos que no se celebren actos estrictamente religiosos en el edificio municipal, máxime cuando en esta ciudad hay muchas iglesias donde hacerlos, cerca de la Plaza Mayor.

Habrá quien no lo entienda, quien no lo acepte, a quien no le parezca bien. Lo entendemos, porque como dijo el racionalista Pascal hace cuatrocientos años: "El corazón tiene razones que la razón no entiende".

A mí me gusta la Concha por alegre, porque se la tutea y porque la trajeron los palentinos, cuya patrona es la Virgen de la Calle, y tal vez por eso la nuestra es también muy de andar por ahí todo el año.

Una anécdota para los que utilizan religión, banderas y colores para hacer oposición política acusándonos de sectarios. El 1 de mayo pasado, el sentimiento me llevó a proponer utilizar la megafonía del ayuntamiento que habíamos dejado a los sindicatos, para poder cantar los de IU la Internacional, que cantamos mal pero nunca se oye bien. El alcalde me dijo, con razón, que no porque era utilizarlo para un acto de partido. Cantamos abajo, en la Plaza Mayor, como todos los años con nuestro megáfono. Con dignidad.

Esperamos que la Plaza y la ciudad acojan con la dignidad que merecen y el calor del pueblo de Zamora los actos del Corpus y la Virgen de la Concha, acostumbrada a andar por la calle. Tan cercana.

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