Treinta años de España en la Unión Europea

Estamos en una etapa de grave crisis institucional, económica y de liderazgo

16.05.2016 | 01:05
Treinta años de España en la Unión Europea

Quiero celebrar y felicitar con este artículo a los jóvenes estudiantes, también a sus profesores del colegio "Corazón de María", que han concursado y ganado un importante premio europeo. El contacto durante estos días con ellos y en otros centros de enseñanza asevera la confianza que debemos seguir teniendo con ellos para el futuro como españoles y europeos. No los defraudemos. Los argumentos de nuestras conversaciones y debates han girado en torno a la importancia para España y Castilla y León de nuestro ingreso e integración en la Unión Europea, como miembro de pleno derecho.

También hemos recordado cómo un 9 de mayo de 1950 Robert Schumann pronunció un discurso, considerado el inicio de la Unión Europea, y que hoy somos 28 estados miembros y 502 millones de ciudadanos.

La Comisión Política del Parlamento Europeo, en 1977, expresó en un comunicado su deseo de que España se incorporarse a las Comunidades Europeas, eso sí, al término de una evolución hacia un sistema auténticamente democrático. Dicho comunicado insistía en el restablecimiento de las libertades individuales, políticas y sindicales y, en particular, en la legalización de todos los partidos políticos, la amnistía y el regreso de los exiliados. "Medidas que deberían contribuir a dar sentido a las elecciones generales anunciadas para la primavera de 1977".

El Tratado por el que España ingresó en la Comunidad Económica Europea -en la actualidad Unión Europea- fue firmado el 12 de junio de 1985 en Madrid, para entrar en vigor el 1 de enero de 1986. Tras nuestro ingreso, se produjo en España un periodo de prosperidad económica, y durante cinco años seguidos se logró el mayor índice de crecimiento de toda la Comunidad Europea. Esta adhesión, además del progreso económico, supuso la salida del aislamiento internacional de nuestro país.

Como es sabido, no siempre Europa y España han sido como son en este momento, a pesar de la grave crisis que padecemos. Por no retroceder a tiempos anteriores. El siglo XX -al cual algunos de vosotros pertenecéis- fue un tiempo convulso y de guerras entre los propios europeos. Dos guerras mundiales se iniciaron en Europa. En España, ya conocéis el enfrentamiento entre españoles que desembocó en una guerra, mal llamada civil (más bien incivil).

Después de la II Guerra Mundial, unos cuantos ciudadanos europeos de bien inician la pacificación entre los países europeos, sueñan con una Europa unida. Entonces comenzó lo que hoy se conoce como la Unión Europea que ha pasado por diferentes etapas. Convirtiéndose en un proyecto de gran éxito, que cambió la vida de las y los europeos.

Sin embargo, España, después de la guerra y con una dictadura en el gobierno, no fue aceptada por la mayor parte de los países democráticos del mundo y apenas tenía relaciones diplomáticas, económicas ni comerciales. Y aunque solicitó su ingreso en el Mercado Común, no fue admitida hasta que se produjo la Transición política y volvimos a ser un país democrático.

Durante la transición democrática en España se produjeron tres importantes acontecimientos: la recuperación de la Democracia, el nuevo Estado de las Autonomías y nuestro ingreso en la Unión Europea, con todas las consecuencias positivas que representó.

Por lo tanto es necesario que Europa se haga cargo de la defensa de los Derechos Humanos en el mundo, de la acogida a los exiliados e inmigrantes. Europa debe recuperar el paradigma de la defensa de la libertad y la democracia. De manera que si la Unión Europea no existiera, tendríais que construirla vosotros.

Creo que la Europa con la que soñaron sus pioneros avanza con grandes dificultades, como decía Jacques Delors, con dos pasos adelante y un paso atrás. Sin embargo, hoy es una realidad cotidiana en la vida de los ciudadanos. También es una realidad económica, un proyecto político e institucional en marcha. Y es que los europeos queremos una sociedad de derechos y libertades, también de responsabilidades, una sociedad de los ciudadanos, que se contraponga a los recortes para los más necesitados Aunque todo ello no será nada si Europa no tiene alma, como añoraban los españoles Salvador de Madariaga y Ortega y Gasset.

El alma de Europa son los valores que compartimos, y más en estos tiempos de globalización, por lo que es necesario que permanezcamos unidos, pues está en juego nuestro modelo social, que tiene su base en la democracia y el Estado de derecho, la solidaridad, los derechos humanos y la lucha contra las desigualdades. Tenemos que insistir en garantizar la paz y seguridad en el mundo. Para su consecución no debemos malgastar nuestras fuerzas y vanidades nacionales.

Es cierto que estamos en una etapa de grave crisis institucional, económica y de liderazgo, agravada por los demonios de los viejos y nuevos nacionalismos (véase el referéndum británico). Quien piense que la segregación y la creación de nuevos estados-nación es una solución a los problemas, pierde la noción de la realidad.

En definitiva, amigos, Europa es de todos, especialmente de los jóvenes, porque tendréis que seguir mejorando su funcionamiento. Cuanto más abráis vuestra visión y perspectiva, mejor conoceréis el mundo y en concreto Europa, también España, comprendiendo y queriendo altamente a nuestra tierra. Feliz viaje a Estrasburgo.

Demetrio Madrid (Primer presidente de Castilla y León)

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