Carta a las abuelas

Las pensiones, cada vez más miserables y los pueblos agonizan

14.05.2016 | 00:03
Carta a las abuelas

Queridas abuelas: Lo pongo en plural porque no tengo singular. Apenas conocí, ni siquiera de niño, a mis abuelas reales. Ni a mis abuelos. Tuve esa desgracia. Así que como no les puedo escribir a las mías o a los míos, dejen que les escriba a cuantos tienen nietos e incluso a quienes, sin tenerlos, están en esa edad a la que también voy llegando yo en que te llaman abuelo aunque no lo seas. ¡Cagüendiez, cómo se nos va pasando el rato!

A lo que iba. No paro de leer informes según los cuales no debo molestarme en dirigirme a ustedes en nombre de Podemos, porque ustedes nunca apoyarán partidos nuevos y menos a uno como el mío. Dicen los sesudos estudios estadísticos que a los mayores, y más siendo de Zamora, y no digamos si son mujeres, no hay quien los mueva de votar al PP, los más; o al PSOE, los restantes. Vamos, siempre hay excepciones y no faltan pueblos o barriadas con abuelas adorables más rojas que las amapolas o moradas como un campo de violetas. O abuelos atrevidos que vienen de tiempos turbulentos y piensan que lo nuevo es imposible que sea peor que lo caduco. Pero a grandes rasgos, las encuestas y estudios estadísticos dicen lo otro. Que a partidos como el mío lo votan los nietos y nietas, muchos de sus hijas y sus hijos, pero que ustedes ni de broma, que no quieren saber nada, y que los experimentos, hijo, me los haces con gaseosa.

Y yo lo entiendo, no vayan a pensar que no. Miren mi foto: tantas canas como años y las arrugas, aunque sean de reír, apareciendo sin permiso. Se llega a unas edades que no son precisamente para andar jugando con las cosas de comer. Lo que pasa es que yo lo veo un poco distinto. Si me he metido en política -como le explicaba el otro sábado a mi tía- es precisamente porque me he hartado de ver cómo los que nos están gobernando juegan con las cosas de comer. Y hasta tal punto que ya no todo el mundo come. Procuran taparlos, pero han vuelto los pobres. O mejor, no dejan de aumentar, porque irse nunca se fueron. Lo están haciendo tan mal, estos de ahora y los de los últimos veinte o treinta años, que incluso están transformando en pobres a los que trabajan, pero cobrando menos que un jornalero de antaño, de esos que se contrataban en la plaza. Y no se crean eso que dicen por la tele de que no es culpa de ellos, sino de una cosa que se llama crisis económica. La economía no es un huracán, un volcán o un terremoto. La economía es el resultado de las decisiones que toman unos cuantos ahí arriba. Y en los últimos tiempos lo único que deciden es aplicar, a lo bruto, la ley del embudo que ustedes siempre han conocido: lo ancho para nosotros, lo estrecho para el resto. Cada vez vamos a peor porque no paran de ensanchar su lado y estrechar el nuestro, de modo que toda la riqueza vaya a sus bolsillos, mientras para la inmensa mayoría quedan cada vez menos migajas. Por eso no hay trabajo para tantos millones de nietos y de hijos. Por eso las pensiones son cada vez más miserables y tienen ustedes que estirarlas. Por eso se vacían los pueblos y Zamora agoniza.

Y por eso mismo algunos hemos puesto en pie un partido diferente, una fuerza política que no tenga nada que ver con los que nos gobiernan. Nos llaman de todo, como saben. En la tele y por todas partes nos ponen a caer de un burro. Inventan infamias y escándalos contra nosotros porque están muertos de miedo, no vaya ser que le demos la vuelta al embudo y se les acabe el chollo. Se pasan el día asegurando que somos unos radicales peligrosos o unos extremistas del carallo. Bueno, quizá tengamos algo de estos últimos, ya que aspiramos a gobernar teniendo en cuenta el bien común; esto es, lo de todos, y no los del puñado de sinvergüenzas de ahí arriba. O sea, el extremo opuesto de lo que hoy se hace. Y de radicales tenemos que nos gusta ir a la raíz de los problemas. Ya saben: si una planta es venenosa, no basta con cortarla, porque seguirá creciendo. Hay que arrancarla y destruirle la raíz. ¿No es lo que harían ustedes? Solo somos, en realidad, gente corriente, cabreada con lo que están haciendo a nuestras gentes. Y no me creo que a ustedes les dé igual. Por eso voy a pedirles, si me dejan, que sean muy, pero que muy conservadores: no permitan que estos gobiernos de termitas insaciables sigan destruyendo lo que ustedes construyeron. Mándenlos a la porra en cuanto tengan ocasión y no los vean. Y de paso manden a la porra a todas esas estadísticas que hablan en su nombre como si les conocieran de algo.

(*) Secretario general de Podemos Zamora

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