Día tras día

Caros servicios

Ningún Gobierno se muestra capaz de reducir las tarifas de luz y teléfono

10.05.2016 | 00:17
Caros servicios

No podría afirmarse en justicia que son malos, pero sí que los servicios públicos básicos, como la luz, el agua, el teléfono y el gas son de los más caros de la Unión Europea. Y eso en un país de bajos niveles salariales. Además son los menos transparentes. Todo ello desde el punto de vista de los consumidores, cuyas opiniones han sido recogidas en un informe de la Comisión Nacional de Mercados que viene a revelar que uno de cada cuatro españoles se lamenta de las facturas recibidas aunque luego no llegue a esa proporción los que presentan quejas y reclamaciones oficiales.

Lo de la electricidad no es nuevo, sino viejo y podrido, pero ahí sigue estando el problema sin que ningún Gobierno, ni del PP ni del PSOE, haya sido capaz de hacerles entrar en vereda, que ya se sabe que a la postre las grandes empresas pueden tener puestos que ofrecer en sus golosos consejos de administración, cuando se cese en el alto cargo. El caso es que, por mucho que se afirme lo contrario desde las compañías, cada usuario sabe muy bien que los precios del servicio no dejan de subir, ya sea por el alza del kilovatio o por los impuestos con que Rajoy fríe a los ciudadanos. Pretender entender los recibos presentados al cobro es tarea solo apta para algunas mentes privilegiadas. Así que a pagar o te quedas a oscuras y a dos velas, que los de la luz no se andan con bromas.

Peor es todavía lo que sucede con las empresas telefónicas cuyas alzas de precio en sus tarifas ni siquiera merecen una explicación a los clientes. Lo hacen porque sí, porque les da la gana, porque quieren amasar más millones en el ejercicio, y eso aunque hayan hecho uso de una publicidad engañosa que aseguraba que se trataba de precios fijos, inamovibles. La única razón que esgrimen, si acaso y sin entrar en detalles, es que el incremento se hace necesario no ya para sostener la calidad del servicio ofrecido sino para mejorarlo. Otra burda mentira, pues todo sigue siendo igual, igual de mediocre, con demasiados y elementales fallos en plena era del desarrollo tecnológico. La velocidad de la línea no es la prometida ni de lejos y los cortes y los saltos y bloqueos son el pan nuestro de cada día. Así que el poderoso sector, uno de los más caros de Europa, lo mismo que la electricidad -aquí no se quiere la energía nuclear para nada- es el que recibe más reclamaciones por parte de los consumidores.

El agua y el gas salen algo mejor librados en su relación con los hogares, aunque respecto al primero suele discutirse su calidad y el exceso de los impuestos que se pagan. En cuanto al gas, resulta que no solo no ha subido sus facturas últimamente sino que las ha bajado y así se mantienen desde que se produjera la caída de los crudos, rara avis en España donde la gente ya está acostumbrada a que todos los productos vayan al alza, sin saber por qué, y donde el cliente nunca tiene razón, por lo que, estoicamente, suele aguantar lo que le echen. Esa es otra queja usual: la mala atención al cliente que prestan las grandes empresas. Claro que luego llega el Gobierno y nos cuenta que el índice de precios al consumo, el IPC, no sube, sino que baja, con lo cual no hay razón para lamentarse de sueldos y pensiones.

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