Alegría muy merecida y responsabilidad muy exigente

El 28 de agosto a Toro le tocó la lotería de Navidad con la designación de sede de Las Edades del Hombre

02.05.2016 | 00:38
Alegría muy merecida y responsabilidad muy exigente

El día de San Agustín (28 de agosto) brilló en Toro, sobre la tarta que constituía la jornada de la fiesta mayor del año, la guinda del anuncio de concesión para la ciudad de doña Elvira de la sede de Las Edades del Hombre. No es extraño que alguien dijera en aquella ciudad: "Nos ha tocado la lotería de Navidad en agosto". En realidad puede significar para muchos una lotería tal concesión. Lo que sí ha ocurrido indudablemente es que el anuncio de ese día es alegría impresionante para muchos. En primer lugar una alegría objetiva para el riquísimo patrimonio de Toro: patrimonio artístico, cultural y social diseminado por toda la ciudad, que es "muy alta, muy noble y muy leal" por designación reconocida; pero que en tiempos pasados fue mucho más: Provincia, hoy reducida a partido judicial, ha sido morada de una nobleza medieval muy importante, ha llegado a ser residencia real, de reyes que allí ganaron su reino y, en tiempos modernos aunque lejanos, fue cuna de leyes que "rigieron los destinos de España". El 28 de agosto se anunció la alegría de todos los toresanos, que vieron a su ciudad erigirse en futura muestra de tantas cosas bellas y significativas como se expondrán en la muestra; que vivirán un año de grandes experiencias espirituales; que, también, esperan un empujoncito en su bienestar material y que sentirán el orgullo de enseñar su joya de ciudad a tantos y tantos visitantes, como cualquiera de nosotros nos enorgullecemos de mostrar a quienes nos visitan la casa que hemos heredado o conseguido con nuestro trabajo laborioso. Alegría para la Iglesia, que ha sabido conservar tantas maravillas a lo largo de los siglos. Alegría para las autoridades, locales, provinciales y regionales que han puesto "toda la carne en el asador" para conseguir ese día. Para los que lucharon, con la palabra o con los hechos, sin estar revestidos de autoridad. Y (¿por qué no decirlo?) una alegría extraordinaria para todos los que, amando y añorando la ciudad perdida, hemos clamado por la noticia, aunque solo sea con unas pobres palabras escritas.

Aunque la enumeración haya sido larga -y tal vez aburrida- estoy seguro de haber omitido a muchas instituciones y personas que se han alegrado al conocer la noticia por la prensa provincial o nacional o por la comunicación de sus amistades. Por eso casi me atrevo a asegurar que, incluso en aquellos que han competido con Toro por conseguir la denominación, la alegría ha sido general en Toro, en Zamora, en Castilla y León y en toda España.

Pero con la legítima alegría va acompasada una tremenda responsabilidad para toda Zamora y para la Comunidad Autónoma de Castilla y León, que deben contribuir al completo éxito del acontecimiento, puesto que les afecta. Pero la responsabilidad mayor, una responsabilidad que los desbordaría, si no hubieran salido de trances mayores, es para la ciudad de Toro en su conjunto: han conseguido una "lotería"; pero se ven obligados a administrar los bienes conseguidos. Todos a una deberán poner a contribución todas sus posibilidades, cada uno en su campo personal o institucional. En primer lugar la Iglesia, por ser el "escaparate principal" en la maravillosa exposición. No dudo que todo el elemento eclesial se volcará en la tarea. Las autoridades deberán facilitar todo tipo de actuaciones y permisos para que tanto organizadores como visitantes se hallen a gusto y desarrollen su labor de modo ejemplar. Los organizadores corresponderán a su empeño por conseguirlas con una ejecución que será la que los toresanos ofrecen en todo lo que se proponen. La hostelería servirá de atractivo no solo para ese tiempo, sino también para el futuro; saben muy bien hacerlo. Se embellecerán al máximo la Colegiata, todas las iglesias, el Ayuntamiento, los colegios más importantes, la Fundación Allende? Y el pueblo acogerá a todos los que lleguen con la hidalguía y la sincera amistad con que siempre nos acogieron allí a todos cuantos llegamos de fuera un día.

Además de un día normalmente festivo, como el de muchísimos años, el 28 de agosto de 2015 significó para la "muy alta, muy noble y muy leal" ciudad de Toro y para todos los que nos sentimos ligados a ella de cualquier manera, una extraordinaria alegría y una responsabilidad exigente, para que Las Edades del Hombre en Toro sean una contribución grandiosa a la ya existente riqueza material, cultural y social de aquella ciudad tan querida.

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