La política nos mete en otro desierto

Baja la confianza de los inversores porque nadie sabe lo que puede salir de las elecciones repetidas

25.04.2016 | 00:18
La política nos mete en otro desierto

No bastaba con cuatro meses largos de incertidumbre, desde la noche electoral del 20 de diciembre pasado, sino que ahora la política se mete, y mete al país de lleno, de nuevo en un desierto después de la travesía de este duro invierno. Y con víveres que escasean. Acabamos de saber que baja la confianza de los inversores porque nadie sabe lo que puede salir de las elecciones repetidas que darán paso a un nuevo Gobierno, no antes de otros tres meses en el mejor de los casos. Y ya el ministro Luis de Guindos anunció que el crecimiento empieza a desacelerarse.

Nueva ronda de conversaciones del rey con los partidos, pero con sensación adelantada de fracaso y esperanza perdida de que un milagro de ultima hora, como en el caso de Cataluña, salve la situación. El pasado viernes el diputado Xavier Domènech, de En Comú Podem, aún contemplaba una mínima posibilidad de que ese milagro se produjera también en Madrid. Artur Mas cuando compareció para decir que se había llegado a un acuerdo "in extremis" aludió a "personas de la sociedad civil catalana" que habrían mediado para ese acuerdo. En realidad no mediaron, sino que les mostraron una encuesta muy seria en la que todos salían perjudicados -Convergencia, Esquerra Republicana y la CUP- por lo que no les convenía repetir elecciones. Pero esas personas de la sociedad civil, con esa fuerza y sobretodo con aquella voluntad de intervenir, no existen en Madrid. Y tampoco Rajoy es Mas, que venía de una larga fuga hacia adelante. Así que listos para la campaña electoral más aburrida de nuestra historia porque todo está ya dicho. Son 130 millones de euros.

"Lo peor de lo que está pasando -sostiene Juan Pablo Lázaro, presidente de CEIM, los empresarios madrileños- es que no hay una reflexión de fondo sobre el modelo administrativo, económico y productivo del país. Ese modelo necesita una reingeniería y lo único que se nos propone, aunque sea de buena fe, son soluciones parciales pero nada a medio y largo plazo". Y desde luego la campaña electoral no va a aportar nada de eso, sino un encadenado de esloganes publicitarios cuando no de descalificaciones, como nos tienen acostumbrados.

No vamos bien y podemos acabar bastante mal. Repetir elecciones es perder el año económico porque hasta agosto o septiembre no tendremos un Gobierno nuevo. Un Gobierno que casi se puede intuir: si el PP, a pesar de los casos semanales de corrupción, sube siete u ocho diputados y Ciudadanos otros tantos, ahí está el Gobierno. Es lo mas probable.

Lo que estamos viviendo en estos últimos días hasta que se convoquen oficialmente las nuevas elecciones son los clásicos movimientos para quedar mejor en la foto de la campaña. Albert Rivera ha propuesto que la presidencia del Gobierno "in extremis" se encargue a un tecnócrata independiente, lo que ha sido inmediatamente rechazado por PP y PSOE. Sería una salida para evitar elecciones pero en este país de líderes escasos a ver quien encuentra a alguien que suscite consenso. Si se buscara, quizás se encontraría, con tiempo y con trabajo, pero no hay interés alguno.

Entretanto, Pablo Iglesias, superadas sus refriegas internas con Íñigo Errejón, lanzó una ofensiva contra los periodistas, lo que resulta inquietante. Acostumbrado a tener una televisión entregada, o dos, para su promoción, el líder de Podemos soporta mal la libertad de expresión ajena. La presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid, Victoria Prego, ha sido rotunda al rechazar ese tipo de presión en la que Iglesias llegó a personalizar las acusaciones en un informador determinado con nombre y apellidos. Lo más preocupante, después de esa agresión por la que el líder de Podemos se disculpó en Twitter, fue la reacción de los estudiantes presentes en la sala abroncando a los periodistas. Y más preocupantes aún las explicaciones políticas posteriores de Podemos que enlazan con la web del Ayuntamiento de Madrid contra las criticas de la prensa y otros indicios de que a la libertad de expresión le pueden llegar malos tiempos. Avisados estamos.

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